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Coronavirus

Argentina: con un nuevo deceso, suman 374 los muertos

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El Ministerio de Salud de la Nación informó que son 8.068 los casos acumulados y que la positividad está en alza. De ese total 2.625 se recuperaron.

El Ministerio de Salud de la Nación informó hoy que una persona falleció desde el último parte brindado ayer por esa cartera, lo que eleva a 374 la cantidad de muertos a causa de coronavirus desde el inicio de la pandemia en la Argentina. El nuevo deceso corresponde a un hombre de 61 años, residente en la Ciudad de Buenos Aires.

En tanto, los casos detectados como positivos de Covid-19 suman 8.068, con una tasa de incidencia de 17,9 cada 100 mil habitantes, mientras que la tasa de letalidad es de 4,6% de los casos confirmados y la de mortalidad general es de 8,2 por cada millón de habitantes.

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Coronavirus

Ante el rebrote de coronavirus, el Gobierno evalúa retomar el IFE y el programa ATP aunque en una versión acotada

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Tendrían un alcance menor, montos más bajos y podrían hasta tener otro nombre. El gabinete económico comenzará a analizar esas medidas

El Gobierno analizará en los próximos días volver a implementar programas de asistencia a familias y empresas en medio del rebrote de coronavirus en todo el país. Según pudo saber Infobae de fuentes oficiales, en la próxima reunión de gabinete económico los funcionarios discutirán la posibilidad de poner en marcha una versión acotada del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y extender ayudas salariales a través del ATP.

La idea que ronda en la Casa de Gobierno es retomar las medidas que aplicó el Poder Ejecutivo en la peor parte de la pandemia aunque tendrían montos y alcances más cortos, por los contextos diferentes de situación sanitaria y de restricciones a la actividad que hubo en marzo y abril de 2020 en comparación con la actualidad. Incluso los nuevos planes de asistencia a los salarios de los hogares y al sector privado podrían tener nombres distintos.

En los próximos días tendrá lugar la reunión semanal de gabinete económico que coordina el jefe de ministros Santiago Cafiero. Será la primera vez que se pone sobre la mesa esa posibilidad. El diagnóstico oficial es que la probabilidad más alta es la de reimplementar un programa similar al IFE, mientras que la ayuda para el pago de salarios como el ATP quedaría circunscripta a sectores todavía golpeados como el turístico o el entretenimiento.

En la reunión de gabinete económico de este jueves los funcionarios discutirán la posibilidad de poner en marcha una versión acotada del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y extender ayudas salariales a través del ATP.

La propuesta, que todavía está bajo análisis del presidente Alberto Fernández, fue alcanzada por los ministros de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, de Desarrollo Social Daniel Arroyo y de Trabajo Claudio Moroni. Los funcionarios plantearon que una nueva crisis sanitaria que obligue al Gobierno a tomar medidas restrictivas va a significar que la economía se vuelva a resentir, aún cuando los niveles de actividad no terminan de recuperarse desde el primer impacto de la pandemia.

Desde los tres ministerios asumen que, en un año en que el Gobierno deberá encarar un proceso de reducción del déficit fiscal en medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional, un aumento presupuestario no previsto para afrontar este tipo de medidas solo podría realizarse con reasignación de partidas y no con un aumento del gasto público.

El IFE alcanzó a 8,9 millones de personas con tres pagos bimestrales de $10.000. El Gobierno piensa en un programa de ayuda más acotado.El IFE alcanzó a 8,9 millones de personas con tres pagos bimestrales de $10.000. El Gobierno piensa en un programa de ayuda más acotado.

Las medidas de auxilio a los hogares y a las empresas demandó al Estado en 2020 un gasto equivalente a casi 5 puntos del Producto Bruto Interno, lo que significaría más de un billón de pesos, entre el IFE, ATP y el resto del paquete contra el coronavirus.

El IFE tuvo un alcance de 9 millones de personas durante tres pagos bimestrales de $10.000 que realizó el Gobierno entre abril y noviembre. El programa incluyó a sectores que quedaron desprotegidos por la irrupción de la pandemia y las restricciones a la circulación, como desocupados, trabajadores y trabajadores informales, personal de casas particulares, y monotributistas sociales o de las categorías A y B.

Las medidas de auxilio a los hogares y a las empresas demandó al Estado en 2020 un gasto equivalente a casi 5 puntos del Producto Bruto Interno, lo que significaría más de un billón de pesos, entre el IFE, ATP y el resto del paquete contra el coronavirus.

De acuerdo a datos oficiales, en total, prácticamente el 30% de la población argentina pidió a Anses cobrar los $10.000 de asistencia. Además de los 8,9 millones de casos aprobados, casi 4,6 millones de personas tuvieron sus solicitudes rechazadas, principalmente por tener un ingreso en blanco, ya sea el solicitante o un integrante de la familia.

El ATP llegó a cubrir, en el peor momento de la pandemia y con las restricciones de actividad y movimiento más rígidas en todo el país, los salarios de empleados de unas 234.000 compañías, principalmente comercio e industria. En esa primera ronda del Programa ATP, según estimaciones oficiales, la ayuda salarial incluyó a 2,3 millones de empleados en relación de dependencia.

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Ciencia

El primer paso hacia una vacuna argentina

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Es uno de los 85 prototipos mundiales que están en fase preclínica, de ensayos en animales. Es una investigación de trece científicos de la Universidad de San Martín y el Conicet.

Es la mañana de un día agobiante. Por el calor y por la pandemia. No se ven los ladrillos colorados, típicos de Norwood, en los Estados Unidos, donde está la sede de Moderna, ni las señoriales callecitas que rodean al Imperial College, en Inglaterra.

Pero aquí, cerca de las avenidas General Paz y Constituyentes, a minutos del tanque de gas gigante que quedó como símbolo de otra época, también se piensa en una vacuna para frenar al Covid-19. De las 169 que aún siguen en carrera, 85 están en la fase preclínica (de ensayos en animales) y una de ellas es un prototipo argentino. Viva va a su encuentro.

El auto dobla hacia una entrada del campus de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y aparecen distintos bloques de edificios. El más grande, color cemento, de unos 4 mil metros cuadrados y tres pisos, es la sede del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB). En uno de sus laboratorios trabajan 12 científicos liderados por la investigadora principal del Conicet Juliana Cassataro, experta en inmunología y enfermedades infecciosas. Juntos están atravesando el minuto cero de una vacuna argentina contra el coronavirus.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D'Elía.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D’Elía.

El blíndex de entrada tiene un teclado con código de seguridad. Cassataro, distinguida con los premios Houssay (2017) y Fundación Bunge y Born (2014), y financiada tres veces por la Fundación Bill & Melinda Gates, baja para habilitar el ingreso. Al llegar, saluda con un ademán de choque de codos, sin hacer contacto. Prolija, con barbijo quirúrgico y un guardapolvo blanco sobre un vestido floreado.

Demostramos en el laboratorio que la fórmula que estamos investigando induce anticuerpos que neutralizan al virus.

Juliana Cassataro, inmunóloga.

“Nuestro proyecto está en etapa preclínica, de ensayo en animales, casi a punto de terminar esta fase. Es decir, en estos seis meses demostramos, en el laboratorio, que la fórmula que elegimos, basada en proteínas recombinantes –una tecnología muy segura en la que se sustenta por ejemplo la vacuna contra la hepatitis B y en la que tenemos más experiencia–, induce anticuerpos que neutralizan al virus. Ahora estamos hablando con empresas locales que tengan la capacidad de producir este prototipo en condiciones GMP (N. de la R.: Según normas y directrices que garanticen su apropiada fabricación) para poder empezar una fase de prueba en humanos”, dice a metro y medio de distancia.

El escenario

Al atravesar el blíndex se accede a espacios luminosos de escaleras, galerías, escritorios y laboratorios. Las mesadas de trabajo son amplias y en las primeras cuatro se distribuye el equipo de Cassataro. En todas hay pequeños contenedores de cristal (placas de petri, erlenmeyers, balones, beakers), pipetas para dosificar volúmenes, geles de acrilamida para separar proteínas, cajas, computadoras, ficheros y calendarios.

Del otro lado de un largo pasillo están el bioterio, donde se ensaya con animales (ratones), las zonas de máxima bioseguridad y, en las cercanías, las máquinas para hacer observaciones. Por ejemplo, ver si alguna de las versiones de la fórmula está “neutralizando al virus”, es decir, si está dando resultado: si eso ocurre, aparecen imágenes fluorescentes.

Los jefes de cada sector tienen, además, otra área delimitada con escritorios y computadoras, donde van programando las rutinas de cada día y leen papers e información de revistas especializadas en ciencia.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D'Elía.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D’Elía.

Como en muchos laboratorios, hay una escenografía de desorden ordenado. Una señal de que están a toda máquina. “Desde abril estamos trabajando, casi todos, en forma presencial durante doce horas por día. Muy comprometidos”, confirma Cassataro.

La fórmula justa

Aquí, en medio de estos “Juegos de Química” pero de verdad, se está gestando una vacuna que, para empezar a diferenciarla, no se basa en ninguna de las plataformas que utilizan las que ya fueron aprobadas, como la de Moderna y Pfizer (con sus tecnologías ARN), o como la rusa que se aplica en el país con una “aprobación de emergencia” y que consiste en dos dosis, cada una con un vector de adenovirus diferente.

Las fórmulas que ensayó el equipo argentino, y que dieron como resultado, hasta ahora, un prototipo viable, listo para transferir a otra etapa, utilizan proteínas recombinantes.

Cuando se nos brinda apoyo, los científicos argentinos tenemos la capacidad de desarrollar lo que sea que se necesite.

Eliana Castro, bioquímica.

Una técnica que Cassataro explica así: “Nosotros tomamos diferentes partes del virus, como por ejemplo su proteína Spike, para producirlas en laboratorio. Esas proteínas, que son proteínas recombinantes, que nosotros producimos con células en el laboratorio, las purificamos. Logramos que queden recontra puras, de modo que al ingresar al organismo no infecten las células pero sean reconocidas por el sistema inmunológico para generar los anticuerpos necesarios y defenderse del virus real”.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D'Elía.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D’Elía.

El trabajo del equipo argentino no termina allí. “A la fórmula se le agrega algo más para tener una respuesta inmune deseada. Por eso estudiamos diferentes compuestos. Es decir, utilizamos prototipos con distintas formulaciones y mezclas. Hay que probar la dosis del antígeno, la cantidad, la dosis del otro compuesto. Una gran cantidad de combinaciones. Todo eso lo probamos en animales, estudiamos la respuesta inmune y seleccionamos las mejores fórmulas que induzcan los mejores anticuerpos neutralizantes del virus. A eso nos dedicamos en estos seis meses. Producimos, inmunizamos e hicimos un screeningseleccionamos entre muchas posibilidades. Y logramos un muy buen prototipo y otros dos que son más o menos”, detalla Cassataro.

Cómo sigue

Estos resultados se lograron gracias a un equipo interdisciplinario. “Somos varios inmunólogos que ya veníamos trabajando juntos. Para el proyecto nos unimos, además, al grupo de virólogos de Diego Alvarez, quien se encarga del diseño de las formulaciones candidatas incorporando las mutaciones del virus que circula en la Argentina”, comenta Cassataro.

Y agrega cómo fue el primer momento de este proyecto: “Decidimos presentarnos para recibir un subsidio de investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología bajo el título: Desarrollo de estrategias que ayuden a la prevención del coronavirus. Y es lo que estamos haciendo. Hacer una vacuna es una frase que suena muy linda, pero no se puede lograr solamente en mi laboratorio. Nosotros solos no vamos a poder concretarla. Lo que sí pudimos, en esta primera etapa, fue poner a punto las técnicas para estudiar su respuesta inmune. Para avanzar hay que transferir el prototipo a una empresa que pueda producirla con una manufactura regulada por ANMAT, lograr que se apruebe y pasar a una fase 1. Ahí seríamos parte de una cadena que lamentablemente, en la Argentina, no está conectada”, explica Cassataro.

Se refiere a que, por separado, están los eslabones, pero eso no es suficiente. “En el país tenemos buenos científicos que pueden trabajar bien en un laboratorio. Tenemos también la posibilidad de ensayos clínicos (en humanos) buenísimos. Aquí se hicieron los de Pfizer y están en marcha los de una vacuna china. Además, existen empresas con capacidad de producir, por ejemplo, un principio activo de la vacuna de Oxford. Los eslabones están, pero falta el envión para empezar. Y, por supuesto, como se trata de un proceso largo y muy costoso, se necesita un amplio financiamiento y una decisión política a largo plazo”, revela la científica.

Cuestión de tiempo

El largo plazo que menciona Cassataro es vital en el trabajo científico. Varias de las vacunas contra el Covid-19 que avanzaron rápido, lo hicieron porque quienes las investigaban se basaron en estudios previos.

“Si vemos las vacunas que llegaron muy rápido, detrás de ellas hay científicos que venían trabajando en ellas desde hace 15 o 20 años. No existe algo que sea tan rápido sin una investigación muy profunda”, confirma la experta.

El tiempo también fue clave en la historia de este prototipo argentino. Primero, porque cuando se tomó la decisión de trabajar de manera presencial en el laboratorio hubo que organizar rápidamente las rutinas en casa y apretar en agendas el tiempo para las clases de los chicos (varios científicos de este equipo tienen hijos en edad escolar), para las tareas de la casa y para el trabajo de laboratorio, que en esta etapa es totalmente empírico.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar  las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D'Elía.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D’Elía.

De los 13 integrantes del grupo, 10 son mujeres, varias con hijos en edad escolar y una de ellas, la bioquímica y viróloga Eliana Castro, está embarazada. No fue fácil arrancar, pero apareció allí lo que más brilló en pandemia: la idea de que todo es posible aún en las peores condiciones.

Eugenia Bardossy tiene 35 años, es bioquímica y dice que “su participación es mínima comparada con lo que realizan otros colegas del equipo”. Lo que fue máximo en su vida fue organizarse para seguir trabajando y no desatender a sus dos hijos: uno de 3 años y otro de 10 meses.

Lorena Coria es una experta en inmunología y tiene un nene de dos años que, cuando ella está en el laboratorio, queda al cuidado de su pareja. La salud humana le interesó desde que estaba en el secundario. Por eso se siente muy plena en este momento: “Cuando empezó la pandemia y se presentó la oportunidad de colaborar aportando nuestro conocimiento y experiencia en el desarrollo de vacunas para ayudar a combatir este problema, no lo dudamos. Estamos aprendiendo mucho y además somos conscientes de que estamos desarrollando algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas”.

Cuando era chica, a Eliana Castro le interesaba “lo microscópico y lo astronómico”, pero en la adolescencia se orientó hacia la salud. Se anotó como voluntaria en el Hospital Evita, de Lanús, para saber si su vocación era más asistencial o de investigación. Decidió estudiar bioquímica en la UBA. Hoy es una experta en diseño de vacunas.

“Ser parte de este proyecto implica cumplir, realmente, con el objetivo de aportar a la prevención de una enfermedad, en este caso causada por un virus nuevo que está dañando a la sociedad y que me ha golpeado personalmente. También hizo tangible la capacidad que tenemos en nuestro país de desarrollar lo que sea que se necesite cuando se nos brinda apoyo”, comenta sobre su rol de científica.

Estamos trabajando en algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas.

Lorena Coria, inmunóloga.

Sobre su rol de mamá, cuenta: “Con mi marido, tuvimos que incluir en nuestras rutinas las actividades y cuidados de nuestra hija de 5 años a tiempo completo (zooms, tareas, juegos). También organizarnos con las tareas de la casa. Así que trabajo en el laboratorio a la mañana, y las lecturas, reuniones y docencia los hago desde casa. Ahora , además, estoy embarazada de 4 meses, así que estamos muy contentos.”

Leandro Battini tiene 29 años y es uno de los más jóvenes del grupo. Es biólogo, está cursando su doctorado y se interesa por el desarrollo de antivirales. Pertenece al grupo de Diego Alvarez, fusionado con el de Cassataro. Para él, la vocación estuvo clara desde siempre. Sus padres y su hermano son biólogos y su pareja, también. “En 2020, por la pandemia, muchos científicos se orientaron al Covid-19. En ese contexto llegué a este grupo”, explica.

Claudia Filomatori es bioquímica y doctora en Ciencias Biológicas. Tiene una función vital: analiza la variabilidad del material genético del virus que circula en la Argentina. Pero lo realmente difícil es “compatibilizar la ecuación Pandemia/Familia/Trabajo. Tengo tres hijos en edad escolar y por momentos se me hizo complicado ser mamá, ama de casa, maestra y científica”.

La bioquímica Karina Pasquevich participa activamente en el estudio de las respuestas inmunes de las fórmulas probadas. Desde pequeña, su padre, físico, le transmitió la pasión por hacerse preguntas y tratar de responderlas. Sobre su vida en pandemia dice: “Tuve la escuela de mis dos hijas en casa, fue un desafío a nivel familiar. Afortunadamente, tuve el apoyo de mi marido y los abuelos para venir al laboratorio”.

El equipo de la “vacuna argentina” se completa con los científicos Diego AlvarezMaría Laura DarribaLucas SaposnikCeleste Pueblas Castro (de 26 años, quien justo una semana antes de la cuarentena se mudó para vivir sola), Laura Bruno y Lucía Chemes.

Ciencias de la vida

La directora del proyecto, Juliana Cassataro, también tuvo que adaptar a su familia para el trabajo en pandemia. Con su marido, Roberto, organizaron los tiempos de atención para Juana, de 17, y Greta, de 13.

De ellas habla sin pausa, pero cuando se le pregunta sobre sus propios orígenes, duda en responder. “No porque quiera ocultarlos, sino porque no quiero que mi historia desvíe el foco de atención de nuestro trabajo científico”, dice.

Se refiere a que es hija de padres desaparecidos. Cassataro, de 46 años, tenía 3 años y medio cuando se llevaron a sus padres. No recuerda nada. A ella y a su hermana menor las dejaron en la Casa Cuna de La Plata, donde fueron encontradas por un tío abuelo.

“Me educó mi abuela Juana, de Mar del Plata, con mucho amor y exigencia para el estudio. A veces pienso que el darme cuenta, tan temprano, de que no todo es perfecto y de que las cosas pueden fallar, me hizo siempre tener un plan B, C, D y E para que todo funcione. También pienso si el volcarme hacia las ciencias de la vida tiene que ver con que son lo opuesto a lo que viví cuando era chica”, comenta.

¿Por qué tu equipo quiere seguir con el proyecto de una vacuna si ya hay otras que se están aplicando?

Nosotros vamos a tardar seguramente mucho más tiempo del que la sociedad demanda en este momento, pero si estas vacunas que ahora se compraron y se están aplicando en nuestro país requieren refuerzos anuales, en un futuro estaría buenísimo poder hacerlas acá y que estas capacidades existan en la Argentina. Así no hay que estar esperando si nos las envían, o si las compran. Si un día no se puede… tenemos que tener la capacidad de hacerlas.

Y en una mañana de agobio, por el calor y la pandemia, llega aire fresco. Cassataro dice al despedirse que, si tuviera todos los recursos necesarios disponibles, a mediados de 2022 podría estar terminándose esta vacuna que ahora da sus primeros pasos. ¿Un sueño?

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Coronavirus

El fabricante chino Sinovac afirmó que su vacuna contra el coronavirus tiene una alta eficacia después que Brasil dijera que es del 50,38 %

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El presidente de la compañía, Yin Weidong, sostuvo que los ensayos habían encontrado que era 100% eficaz para prevenir casos graves y que la empresa estaba ampliando su capacidad de producción para satisfacer la demanda nacional y extranjera

El presidente del fabricante chino de vacunas Sinovac, Yin Weidong, afirmó este miércoles que el antídoto es altamente efectivo luego de que Brasil dijera que tiene una eficacia general del 50,38%.

Tras los diferentes datos de eficacia de la vacuna CoronaVac en ensayos en Brasil, Turquía e Indonesia, Weidong sostuvo que los ensayos en Brasil habían encontrado que era 100% eficaz para prevenir casos graves de COVID-19 y que la empresa estaba ampliando su capacidad de producción para satisfacer la demanda nacional y extranjera.

Estos datos (de Brasil) muestran que las vacunas tienen buena eficacia y seguridad en todos los ensayos clínicos de fase 3”, afirmó Yin.

Y agregó: “Hemos acelerado el aumento de la capacidad de producción”.

Esta fue la primera reacción de la compañía luego de que su socio brasileño Butantan publicara el martes datos que muestran una tasa de eficacia del 50,38 %, apenas superando el umbral establecido por la mayoría de los reguladores y muy por debajo del 70 % recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Ayer, el Instituto Butantan, encargado del desarrollo y las pruebas de la vacuna en el país en asociación con Sinovac, y que será responsable por su fabricación en Brasil, aclaró que, pese al relativamente bajo nivel de eficacia del inmunizante a nivel global en comparación con otros, el antídoto fue 100 % eficaz para evitar los casos graves que exigen hospitalización. En esa línea se manifestó este miércoles Yin Weidong.

Fotografía tomada el pasado 3 de diciembre en la que se registró la descarga del primer lote de la "Coronavac", la vacuna contra la covid-19 desarrollada por el laboratorio chino Sinovac, en el aeropuerto internacional de Guarulhos, que opera para la ciudad de San Pablo (Brasil). EFE/Sebastiao Moreira/Archivo
Fotografía tomada el pasado 3 de diciembre en la que se registró la descarga del primer lote de la “Coronavac”, la vacuna contra la covid-19 desarrollada por el laboratorio chino Sinovac, en el aeropuerto internacional de Guarulhos, que opera para la ciudad de San Pablo (Brasil). EFE/Sebastiao Moreira/Archivo

“El estudio no permite afirmar que esta vacuna erradicará la enfermedad, pero sí que será capaz de controlar la pandemia mediante la elevada reducción de las hospitalizaciones”, afirmó el director de investigaciones médicas del Instituto Butantan, Ricardo Palacios, en rueda de prensa.

Según Palacios, ninguno de los voluntarios en que fue probada la vacuna y que contrajo la enfermedad necesitó de hospitalización o desarrolló la enfermedad en su forma grave.

Una semana después de haber informado que la vacuna tuvo una eficacia del 78 % en los casos sin gravedad de pacientes que acudieron al médico por haber presentado síntomas entre los 12.508 voluntarios en los que fue experimentada en Brasil, el Instituto Butantan aclaró que la llamada eficacia global de la vacuna de Sinovac fue del 50,38 %.

El organismo de investigación médica precisó que la eficacia global es la que indica la capacidad total de la vacuna de evitar el contagio de la enfermedad, tanto de casos sintomáticos o asintomáticos como de los graves o no y de quienes necesitaron o no acudir al médico.

LA OMS RECOMIENDA VACUNAS CON MÁS DEL 50 % DE EFICACIA

Agregó que tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa, regulador brasileño) consideran recomendable una vacuna cuando su eficacia global se ubica por encima del 50 %.

Interrogados sobre la eficacia de más del 94 % que han obtenido otras vacunas anticovid, como las desarrolladas por Pfizer Moderna, los responsables por el Butantan afirmaron que tales laboratorios hasta ahora no han divulgado todos sus estudios mientras que Sinovac ha sido totalmente transparente.

Mientras la vacuna de Sinovac fue desarrollada con las técnicas tradicionales, que usan el virus inactivado para incentivar al organismo a desarrollar defensas, las que han obtenido eficacia superior al 90 % fueron desarrolladas con técnicas de modificación del RNA mensajero, consideradas el futuro de la inmunización.

El Secretario de Salud del estado de San Pablo, Jean Gorinchteyn, sostiene una caja de la vacuna COVID-19 'CoronaVac' (REUTERS/Amanda Perobelli)El Secretario de Salud del estado de San Pablo, Jean Gorinchteyn, sostiene una caja de la vacuna COVID-19 ‘CoronaVac’ (REUTERS/Amanda Perobelli)

Según los médicos del Butantan, vacunas con eficacia de cerca del 60 % han demostrado ser capaces de controlar brotes de gripe y de tuberculosis y algunas con eficacia global también cercana al 50 % son capaces de frenar epidemias de rotavirus y coqueluche.

Esta vacuna tiene seguridad, tiene eficacia y reúne todos los requisitos que justifican que sea usada en condiciones de emergencia en el país”, afirmó el director del Instituto Butantan, Dimas Covas.

El director aclaró que la eficacia global de la vacuna puede ser muy superior a la medida en Brasil debido a que el inmunizante fue probado en este país entre los profesionales del área de salud, que son personas directamente en contacto con el virus y con los pacientes contagiados.

Aclaró que si la vacuna hubiese sido probada en Brasil en voluntarios de otras áreas probablemente habría obtenido resultados similares a los que la CoronaVac obtuvo en otros países.

En Indonesia, en donde su uso ya fue autorizado, la eficacia de la vacuna de Sinovac fue del 65,3 % y en Turquía del 91,25 %.

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