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COVIPREP: cómo será el primer estudio preventivo contra el coronavirus hecho en Argentina para proteger al personal de salud

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Es la primera vez en este tiempo de pandemia global por el nuevo coronavirus que la Sociedad Argentina de Infectología con el apoyo de Laboratorios Richmond toma el desafío de patrocinar un gran estudio de investigación, a nivel nacional, sobre prevención de COVID- 19 para el personal sanitario sano. Buscará 1500 voluntarios de 18 a 70 años entre personal médico, enfermeros, kinesiólogos, técnicos de laboratorio y personal de limpieza que trabajen en áreas COVID. Infobae habló con los protagonistas

Para la ciencia, el primer impacto más nítido y contundente de una pandemia global es la aceleración del tiempo. Y entre los pocos consensos que reunió el nuevo coronavirus SARS-COV- 2 -en los más de cinco meses que lleva en este planeta- hay uno excluyente: la vulnerabilidad y el riesgo del personal de salud en esa imaginaria, pero muy real a la vez, primera línea de fuego.

En paralelo, y para llegar al mismo razonamiento, las “nuevas” terapéuticas para frenar a la actual pandemia por COVID-19 de alguna manera deben inspirarse en los mejores hallazgos frente a otros males. Sobre todo aquellos que hayan permitido tildar dos casilleros fundamentales en todo tratamiento para que sea exitoso: la seguridad y la eficacia. Allí los antivirales ocupan un lugar destacado por la buena historia que lograron con otra brutal y letal epidemia contemporánea, la del VIH/Sida. Primero, habiendo logrado frenar el virus y luego la cronicidad del mal.

En el caso argentino y el avance del coronavirus, el impacto de la cifra del personal de la salud cobra relevancia por sí sola: el 8% entre los más de 80.000 enfermos por COVID -19, hasta hoy, corresponden a toda la amplia gama de trabajadores del sistema sanitario que, sin perder de vista la imperiosa necesidad de la utilización de equipos de protección personal (EPP), están más expuestos que el resto de los mortales a la posibilidad de contagios.

Consultado por Infobae, el médico infectólogo Waldo Belloso, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y uno de los organizadores del estudio COVIPREP, junto a un prestigioso equipo de científicos y médicos especialistas transdisciplinar explicó:“ faltaba un gran estudio de investigación nacional y de profilaxis -que llamamos COVIPREP- que no sólo se ocupará del grupo vulnerable y más expuesto como es el personal de salud, sino también que tendrá un enfoque preventivo frente al COVID-19. Para esta investigación clinica nos basaremos en la misma lógica terapéutica aplicada con éxito con el VIH: la estrategia de Profilaxis Pre-exposición (PrEP), entendiendo que el VIH y el COVID son dos virus y enfermedades muy diferentes”.

Participarán 1500 voluntarios – personal de distintos estamentos del sector de la salud, que estén en contacto con la atención con pacientes con COVID-19 pero que sean sanos. El estudio ya cuenta con aprobaciones éticas de las instituciones participantes y falta la certificación final de la autoridad regularoria local, ANMAT .

(Shutterstock)(Shutterstock)

La medicación (una sola pastilla) que se evaluará en COVIPREP será la combinación de las drogas TAF/FTC (Tenofovir alafenamida y emtricitabina) en comparación con placebo por un período de 12 semanas. La combinación TAF/FTC es capaz de inhibir in vitro la enzima replicasa de coronavirus, presenta un nivel de seguridad ya conocido, cuenta con aprobación sanitaria y ya es utilizada como profilaxis de la infección por VIH en personas sanas. Estos aspectos facilitan la posibilidad de ser evaluada para la prevención de COVID-19.

Agregó Belloso a Infobae, “al cabo de 3 meses sabremos si los pacientes que recibieron la medicación real lograron desarrollar o no los anticuerpos. Y nos interesa mucho aplicarlo en el contexto de alta circulación del virus”. La coordinación y conducción del ensayo está a cargo de la SADI y cuenta con el apoyo de Laboratorios Richmond quien proveerá todo el insumo de la medicación de estudio incluyendo TAF/FTC y el placebo.

En diálogo con Infobae, Marcelo Figueiras empresario argentino y presidente de Laboratorios Richmond expresó , “estamos muy orgullosos como compañía de poder apoyar y colaborar a estas prestigiosas entidades científicas que trabajan incansablemente en este contexto de la pandemia por COVID -19 . Sentimos que también es una contribución desde nuestro lugar al enorme y estimulante trabajo que está haciendo la ciencia argentina en este tiempo pandémico, tan difícil para los argentinos y la sociedad mundial. Estos médicos y científicos argentinos han demostrado que no se detienen en la búsqueda de datos y de evidencia científica en el camino hacia el hallazgo de una cura o freno para el nuevo coronavirus”.

Es la primera vez que la SADI patrocina un estudio randomizado doble ciego para evaluar una intervención que involucra a 1.500 voluntarios y a un gran grupo de médicos que tendrán que reclutarlos, El principal objetivo es seguir aportando a la generación de evidencia científica de calidad en nuestro país.  EFE/Hilda Ríos
Es la primera vez que la SADI patrocina un estudio randomizado doble ciego para evaluar una intervención que involucra a 1.500 voluntarios y a un gran grupo de médicos que tendrán que reclutarlos, El principal objetivo es seguir aportando a la generación de evidencia científica de calidad en nuestro país. EFE/Hilda Ríos

Efecto mancomunado

“Todo lo que sea protección de los trabajadores, cuidarnos y favorecer estrategias preventivas, cuenta desde ya con nuestro apoyo”, señaló el propio Ministro de Salud de la Nación Ginés González García, en la apertura del webinar de la presentación del estudio COVIPREP. Junto al ministro, participaron la doctora Carla Vizzotti, secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, el doctor Omar Sued, presidente de SADI y los expertos Waldo Belloso y Gustavo Lopardo, miembros del Comité Ejecutivo que llevará adelante el proyecto.

El infectólogo Sued, quien integra además junto a Lopardo la mesa de asesores del presidente Alberto Fernández precisó: “es la primera vez que la SADI patrocina un estudio randomizado doble ciego para evaluar una intervención que involucra a 1.500 voluntarios y a un gran grupo de médicos que tendrán que reclutarlos, será una empresa muy grande pero estamos orgullosos de encararla”. Y el doctor Lopardo, puntualizó que “esto ocurre en el contexto de una pandemia para potencialmente beneficiar al personal de la salud, representa una situación única y relevante, todos deseamos comprobar la eficacia de este proyecto”.

Orgullo nacional

Sobre el alcance del estudio COVIPREP se refirió a Infobae la doctora Elvira Zini, directora de asuntos técnicos y científicos de Laboratorios Richmond: “para nosotros como entidad científica es un honor colaborar con este estudio tan importante; y ratifica el compromiso que tenemos desde el labotatorio con la ciencia, la salud , y sobre todo con el acceso a los medicamentos”. Particularmente este estudio nos conmueve porque está dirigido a la protección del personal de la salud, que a lo largo de esta pandemia global está dando lo mejor de sí . Siempre destacamos el trabajo de la SADI que es una sociedad científica de nivel internacional”

Los aproximadamente 1500 participantes de 18 a 70 años estará integrado por personal médico, de enfermería, kinesiólogos, técnicos de laboratorio y personal de limpieza que trabajen en áreas COVID, y en la asistencia directa de personas con coronavirus.

Las condiciones del estudio COVIPREP para los voluntarios es que no deben haber tenido infección previa por el nuevo coronavirus SARS-COV-2, lo que se constatará a través de un estudio de PCR y un test serológico para detectar anticuerpos IgG ; también se les realizará un test de VIH y uno de antígeno para hepatitis B, mientras que a las mujeres en edad fértil se les requerirá también test de embarazo. Sólo deberán asistir a una visita al comienzo y otra al final, y una vez por mes tendrán que retirar la medicación, que suministrará Laboratorios Richmond.

La investigación de alcance nacional cuenta con el apoyo del Instituto Leloir, el departamento de Investigación del Hospital Italiano de Buenos Aires, la Fundación Huésped, la Coordinación de Salud Sexual, Sida e Infecciones de Transmisión Sexual de la Ciudad de Buenos Aires y el aval del Ministerio de Salud de la Nación. Los organizadores están en plena etapa de cierre de la cartera de hospitales, según las zonas geográficas del país donde haya circulación del virus. La SADI adelantó a Infobae que hasta ahora serán de la partida hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata, La Plata, Tucumán, entre otros.

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Denuncian que murió por Covid-19 un hombre que fue obligado a trabajar a punta de pistola

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Según consta en la denuncia presentada por Atilra ante el Ministerio de Trabajo la empresa láctea “intimidó con armas de fuego a los trabajadores”.

La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (Atilra) denunció que un trabajador que murió de coronavirus este domingo luego de que fuera obligado, junto con otros compañeros, a trabajar a “punta de pistola” por uno de los dueños de la empresa láctea que no respetar ningún protocolo para prevenir esta enfermedad.

El sindicato que lidera Héctor Ponce denunció a la empresa Lácteos Vidal S.A. ante el ministerio de Trabajo y lamentó “la muerte de Oscar Arnoldo García, quien se contagió y murió luego de haber sido obligado a cumplir sus funciones por la fuerza por uno de los propietarios de la firma”, puntualizó el comunicado

Según la denuncia le gremio solicitó a la empresa tomar las medidas básicas de higiene y seguridad para evitar la propagación del coronavirus entre los trabajadores.

Ante esto la respuesta empresaria “fue intimidar con armas de fuego a los trabajadores, ya que se negaban a efectuar los controles pertinentes, para no parar o discontinuar la producción”. Además presentaron un video como prueba en el que se ve cómo: “la policía detiene a uno de los dueños de Lácteos Vidal, con una de las armas con las que amenazó al personal”.

“Lácteos Vidal S.A. forma parte de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL), un grupo de poderoso empresarios que más resisten a los protocolos básicos de seguridad e higiene y a los de Covid-19. Hoy la empresa involucrada cuenta con más de una docena de trabajadores infectados”, denunciaron desde el gremio.

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Japón vuelve a cerrar bares tras un nuevo récord de casos de coronavirus

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En las últimas 24 horas se registraron 1.270 casos positivos y 367 en Tokio. El Gobierno de esa ciudad ordenó otra vez el cierre de bares nocturnos.

Japón registró el miércoles récords de casos de coronavirus, y el Gobierno de Tokio ordenó otra vez el cierre de bares nocturnos en medio de un rebrote que se está expandiendo de la ciudad capital al resto del país.

En conferencia de prensa, luego de detectarse 1.270 casos activos de Covid-19 en Japón, y 367 de ellos en Tokio, la gobernadora de la capital dijo que bares y karaokes podrán operar sólo entre las 17 y las 22 desde el próximo lunes y durante todo agosto.

La gobernadora, Yuriko Koike, prometió que el Gobierno municipal pagará 200.000 yenes (unos 1.900 dólares) a todos los establecimientos de ese tipo que cumplan con las directivas de prevención sanitaria, a modo de compensación por el cierre durante la noche.

Otras zonas de Japón ubicadas fuera de la prefectura de Tokio y con ciudades muy pobladas, como Aichi y Osaka, también han registrado esta semana cifras récord de nuevos casos de coronavirus.

Los 1.270 casos anunciados rompen el récord de 1.260 de la jornada previa, cuando la cifra de nuevos contagios superó por primera vez en el país las 1.000 en un día, informó el Ministerio de Salud, citado por la agencia de noticias japonesa Kyodo.

Hasta ahora, Japón registró más de 35.400 infecciones por el nuevo virus y 1.019 muertes desde febrero pasado. En cuanto a los 367 casos de Tokio, el número también supera al anterior récord de 266 del 23 de julio pasado y eleva a más de 12.000 el total de contagios en la capital.

Por primera vez autoridades de prefecturas dijeron que algunos hospitales estaban colapsando por la cantidad de pacientes con coronavirus.

Koike dijo que si la situación no mejora podría declarar un estado de emergencia en Tokio, que desde hace 22 días reporta más de 100 nuevos casos.El Gobierno japonés levantó el estado de emergencia nacional a fines de mayo, y el 9 de julio Tokio registró por primera vez más de 200 casos.

Pero, en ese momento, los contagios de Tokio eran el 60% de los detectados en todo el país, mientras que ayer fueron el 30% del total descubierto, una señal de que la enfermedad se está empezando a expandir al resto del territorio nacional.

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Las mascarillas faciales protegen contra la COVID-19, pero no todas por igual: ¿cuáles son las más seguras?

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Según el titular del Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de EEUU, si todo el mundo las usara la pandemia, “estaría bajo control en cuatro, seis u ocho semanas”. Un estudio comparó cubrebocas caseros, pañuelos plegados y otras protecciones

Cada vez hay más pruebas de la utilidad de las mascarillas en la lucha contra la pandemia de la COVID-19: cualquier forma de barrera ayuda a prevenir la transmisión, aun si la persona infectada se halla cerca de otras. En principio, la gran protección que brindan es a los demás: impiden que las microgotas que contienen coronavirus se expandan demasiado lejos en el aire, y en demasiada cantidad. Pero también hay evidencia de que protegen a quienes la usan de la absorción de esas partículas de otros.

Debido a que en los Estados Unidos el contagio volvió a los niveles de los peores días del pico de la pandemia, en abril, el director del Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), Robert Redfield, dijo en una videoconferencia la Asociación Nacional Médica (AMA): “Si pudiéramos lograr que todo el mundo usara una máscara ahora, realmente creo que podríamos tener esta epidemia bajo control en cuatro, seis u ocho semanas”.

Infografía de Marcelo Regalado

Infografía de Marcelo Regalado

Redfield había publicado, poco antes de esa declaración, una columna de opinión en JAMA, la revista académica de la asociación, sobre la eficacia del sencillo método de cuidado comunitario y personal. Citó un estudio realizado entre 75.000 trabajadores de la salud de Massachusetts, que al comienzo de la pandemia tenían una tasa de infección del 21,3%, y que en poco tiempo, luego de la imposición del uso obligatorio de barbijos, bajó a 11,5 por ciento.

Sus comentarios se dieron pocos días antes de que el presidente Donald Trump aconsejara en Twitter, al retomar las conferencias de prensa sobre la COVID-19, el uso de mascarillas faciales. No obstante, “los expertos advierten que el empleo generalizado de cubrebocas no elimina la necesidad de seguir otras recomendaciones, como el lavado de manos frecuente y el mantenimiento de la distancia social”, subrayó Caitlin McCabe en The Wall Street Journal (WSJ), donde realizó un análisis de los distintos tipos de máscaras disponibles y sobre sus ventajas y desventajas.

Un estudio de la Florida Atlantic University midió cuánto se dispersan las microgotas que pueden contener SARS-CoV-2 a través de distintas mascarillas (FAU)

Un estudio de la Florida Atlantic University midió cuánto se dispersan las microgotas que pueden contener SARS-CoV-2 a través de distintas mascarillas (FAU)

El texto se basó en una investigación de la Florida Atlantic University (FAU), en la que se simuló la emisión de una tos detrás de distintas opciones de barbijo, excepto las mascarillas quirúrgicas y las N95, por considerar que se deben reservar para el personal de la salud. El trabajo, publicado en la revista académica Física de los Fluidos, comprobó que la transmisión del SARS-CoV-2 se reduce espectacularmente con distintas formas de cubrebocas: un pañuelo de algodón plegado (una cobertura improvisada), una bandana de material elastizado, una mascarilla de algodón hogareña y una mascarilla comercial estilo cono (que no son N95, sino las más comunes, que usan los odontólogos o los trabajadores de la construcción).

Si la tos puede impulsar las partículas, como los microorganismos, a viajar más de 2 metros, el simple acto de cubrir la boca y la nariz con una barrera acorta la distancia de manera drástica, hasta entre 2 y 18 centímetros. La menor efectividad se observó con la bandana de material elastizado (de 7,5 a 18 centímetros), seguida por el pañuelo de algodón plegado (de 2,5 a 7,5 centímetros), la mascarilla casera de dos capas de algodón cosidas (6 centímetros) y las mascarillas comerciales estilo cono (2 centímetros si se las ajusta correctamente a la cara).

Infografía de Marcelo RegaladoInfografía de Marcelo Regalado

El hallazgo principal es que elementos tan accesibles como un pañuelo de algodón plegado y una mascarilla de algodón cosida en casa son eficaces para reducir el viaje de las partículas potencialmente infecciosas de 200 a 6 o 7,5 centímetros. Eso, sumado a la distancia social, le recorta al coronavirus la posibilidad de seguir contagiando a nuevos huéspedes.

“Nos sorprendió, de manera positiva, ver que una máscara casera podía hacerlo tan bien, que no hace falta conseguir una máscara muy elegante”, dijo Siddharta Verma, uno de los autores de la investigación, al WSJ. “Una máscara de algodón se puede lavar y secar en la casa. La reutilización se vuelve más importante a medida que nos adentramos en esto por largo tiempo”.

Los investigadores emplearon la técnica de visualización del flujos por microscopía láser (una combinación del microscopio de fluorescencia con imágenes electrónicas y puntos de luz, para obtener imágenes en 3D) para captar la trayectoria de la tos de un maniquí, fingida con una mezcla de agua destilada y glicerina y expulsada por un compresor de aire y generador de humo. “Al colocar las diversas máscaras en el maniquí, lograron trazar el camino de las microgotas y demostrar las diferencias en su desempeño”, dijo el comunicado de FAU sobre el trabajo de Verma, Manhar Dhanak y John Frankenfield.

El estudio empleó microscopía láser para captar la trayectoria de la tos de un maniquí, fingida con una mezcla de agua destilada y glicerina y expulsada por un compresor de aire y un generador de humo. (FAU)

El estudio empleó microscopía láser para captar la trayectoria de la tos de un maniquí, fingida con una mezcla de agua destilada y glicerina y expulsada por un compresor de aire y un generador de humo. (FAU)

“Los resultados mostraron que las mascarillas dobladas sin mayor ajuste y las coberturas estilo bandana detenían en algún grado las microgotas respiratorias aerosolizadas”, siguió FAU. “Sin embargo, las máscaras caseras bien ajustadas hechas con varias capas de algodón y las máscaras de tipo cono de uso corriente demostraron ser las más eficaces para reducir la dispersión de las gotas. Estas máscaras lograron disminuir de manera significativa la velocidad y el alcance de la emisión respiratoria, aunque con algunas fugas a través del material de la máscara y de los pequeños huecos que existen a lo largo de sus bordes”.

Otro estudio, realizado en 2012 para comparar las mascarillas quirúrgicas y las N95, que se emplean en el ámbito de un hospital, también comprobó la importancia de una barrera de protección. El trabajo de David S. Hui, Benny K. Chow y Leo Chu, de la Universidad China de Hong Kong (CUHK), empleó un método similar para simular la tos de un maniquí, que se registró en imágenes obtenidas por microscopía láser también. Encontró que tanto la dispersión de partículas hacia el frente, como la lateral, por la presión del aire al chocar con el barbijo, variaba. Hacia el frente, con una mascarilla quirúrgica las microgotas de la tos viajaban 3,4 centímetros, y con una N95, 2,7 centímetros; hacia los costados y atrás, respectivamente 2,6 y 1,7 centímetros.

“Si pudiéramos lograr que todo el mundo usara una máscara ahora, realmente creo que podríamos tener esta epidemia bajo control en cuatro, seis u ocho semanas”, dijo el director del CDC de EEUU. (REUTERS/Simon Dawson)“Si pudiéramos lograr que todo el mundo usara una máscara ahora, realmente creo que podríamos tener esta epidemia bajo control en cuatro, seis u ocho semanas”, dijo el director del CDC de EEUU. (REUTERS/Simon Dawson)

En todo caso, interpretó Verma para FAU, además de comprobar una vez más el sentido del equipo de protección personal en las actividades que presentan riesgos biológicos, que debido al coronavirus han salido más allá del ámbito laboral, las imágenes que él y sus colegas captaron para el estudio “pueden ayudar a transmitir al público general la lógica que sostiene las pautas del distanciamiento social y la recomendación del uso de mascarillas”. En su opinión, hoy como en abril “es crucial promover la concientización amplia de las medidas preventivas eficaces, porque estamos observando aumentos significativos de las infecciones de COVID-19 en muchos estados”.

Actualmente Verma, Dhanak y Frankenfield trabajan en la medición de la protección que las distintas mascarillas ofrecen a la persona que las lleva puestas. Eso tiene importancia porque la cantidad de SARS-CoV-2 al que se expone una persona influye en el grado de la enfermedad, según un análisis epidemiológico de Monica Gandhi, profesora de medicina en la Universidad de California en San Francisco (UCSF), que todavía no se ha publicado pero que la autora facilitó a WSJ antes de que salga en la Revista de Medicina General Interna (JGIM).

Elementos tan sencillos como un pañuelo de algodón plegado y una mascarilla de algodón cosida en la casa son eficaces para reducir el viaje de las partículas potencialmente infecciosas de 200 a 6 o 7,5 centímetros. (REUTERS/Ajeng Dinar Ulfiana)Elementos tan sencillos como un pañuelo de algodón plegado y una mascarilla de algodón cosida en la casa son eficaces para reducir el viaje de las partículas potencialmente infecciosas de 200 a 6 o 7,5 centímetros. (REUTERS/Ajeng Dinar Ulfiana)

“En la investigación, ella y sus coautores postularon que las máscaras proporcionan una barrera importante y podrían conducir a una infección más leve o incluso prevenirla por completo”, citó McCabe. “Aunque hay una gran variación entre las máscaras de tela y las quirúrgicas, ella cree que algunas pueden probablemente filtrar la mayoría de las gotas virales más grandes”.

En su preocupación por el uso de mascarillas en público, el CDC midió que en lo peor de la pandemia en los Estados Unidos la gente había comprendido la importancia: en abril se usaban en un 61,9% y hacia mediados de mayo, en un 76,4 por ciento. Esperan que el pico de julio esté causando un efecto de claridad similar y en las próximas semanas se vea un aumento de las mascarillas en público, aun en lugares que no lo ordenan o que, como el estado de Georgia, han demandado en los tribunales a las jurisdicciones inferiores que lo hicieron, como la ciudad de Atlanta.

Sin tratamiento ni vacuna contra el COVID-19, medidas como el uso de máscaras, la distancia social y el lavado frecuente de manos son centrales para cortar la propagación. (REUTERS/Bruno Kelly)Sin tratamiento ni vacuna contra el COVID-19, medidas como el uso de máscaras, la distancia social y el lavado frecuente de manos son centrales para cortar la propagación. (REUTERS/Bruno Kelly)

Debido a la resistencia de muchas personas a los cubrebocas, el 16 de julio un comunicado conjunto del Colegio Nacional de Médicos del Tórax, la Asociación Nacional del Pulmón, la Sociedad Nacional del Tórax y la Fundación para la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica explicó que no hay razones de salud para que una persona sana le tema a este sencillo recurso para reducir la propagación del COVID-19. “Los individuos con pulmones normales e incluso muchos con enfermedades pulmonares crónicas subyacentes deberían poder usar una cobertura facial que no sea N95 sin que se afecten sus niveles de oxígeno o dióxido de carbono”, escribieron. “Las excepciones deberían ser establecidas por un médico”.

Según una proyección del Instituto de Métricas Sanitarias de la Universidad de Washington, las muertes por el coronavirus en los Estados Unidos superarían las 224.000 el 1 de noviembre; pero si el 95% de la población usara cubrebocas, se salvarían más de 40.000 vidas: los muertos totales a esa fecha serían alrededor de 183.000. Al 22 de julio, casi 143.000 personas habían muerto en ese país, y los contagios estaban cerca de los 4 millones.

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