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Las duras advertencias de un médico contagiado en España: “Vean cómo hemos estado y tengan cuidado”

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En una entrevista, el médico intensivista Vicente Gómez Tello contó cómo transcurrieron los peores días de su dura batalla frente al COVID-19 en la capital española y reveló cómo se contagió mientras le salvaba la vida a un paciente en medio de un paro cardiorrespiratorio

Mientras dialoga  por vía telefónica, Vicente Gómez Tello se encuentra al frente del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Moncloa, en Madrid. No es sólo el estremecedor relato que narra con lujo de detalles: es todo lo que se escucha de fondo. Por momentos, pide disculpas por interrumpir la conversación, ya que los médicos y enfermeros que se encuentran a su cargo se acercan a pedirle directivas urgentes e informarle las novedades de los internados: “El paciente de la cama 6 tiene la orina muy hematúrica”, se oye al otro lado del teléfono.

Mientras Gómez Tello indica la medicación, se escuchan las alarmas y pitidos típicos de los aparatos de terapia intensiva. Desde este lado del teléfono y sin poder mirar, el cuadro dramático que rodea la escena se hace evidente. Hoy, nadie está exento de convertirse en el paciente de la cama 6. Hoy, todos le temen a la muerte más cruel y solitaria en la cama de un hospital. Incluso, los médicos y enfermeros que a diario se trenzan en una dura batalla, cara a cara, contra el COVID-19.

-¿En qué momento empezó a tomar conciencia de que el tema del COVID-19 era realmente muy serio?

-Soy jefe de urgencias y, después de ver lo que estaba pasando en China, me empezó a preocupar mucho la situación en Italia. Pensábamos que China estaba muy lejos, pero evidentemente, no ha sido una postura muy acertada. Cuando empezamos a ver el desborde en Italia, sabíamos que nos iba a llegar. De hecho, recibimos a pacientes italianos con síntomas: ese fue el primer llamado de atención de lo que iba a pasar. Todo se precipitó en los primeros 10 días de marzo.

-¿Cómo es un día en su trabajo ahora, que la tormenta parece haber aminorado?

-Ahora estamos en una fase bastante favorable con respecto a la segunda quincena de marzo, donde transcurrieron la mayoría de ingresos, tanto de intensivos como de hospital. El número de ingresos bajó bastante, y vamos en paralelo con Italia y Francia. Podemos decir que estamos relativamente bien, pero preocupados porque estamos desescalando y no tenemos un manual: cualquier medida puede conducir a un repunte de casos. Tenemos la infraestructura y un plan de contingencia, por si en algún momento tenemos que volver a triplicar camas, sumar personal y cambiar infraestructuras.

En Madrid, Vicente Gómez Tello luchando contra el COVID-19 con parte de su equipo médico

En Madrid, Vicente Gómez Tello luchando contra el COVID-19 con parte de su equipo médico

-¿Puede haber rebrotes y, en esos casos, qué pasa con la inmunidad de las personas que ya tuvieron COVID-19? ¿Tuvo casos de personas que se volvieron a contagiar?

-No, no he tenido casos de personas que se hayan vuelto a contagiar. Los científicos coreanos han tratado bastante bien este tema, porque piensan que son falsos negativos de las PCR pero, en realidad, el paciente nunca ha dejado de ser positivo.

Hay algún caso extraño, donde parece que los síntomas vuelven, pero no sabemos si es por este virus o por otro tipo. Al día de hoy, no hay constancia fehaciente de que una persona que haya pasado la enfermedad con anticuerpos claros y debidamente documentada, y se haya negativizado, vuelva a contraer la enfermedad. En España no tenemos casos así.

-Entonces, ¿podríamos asegurar que haber padecido la enfermedad brinda inmunidad?

-Eso ya es mucho decir, porque aún no se sabe si tener anticuerpos neutraliza el virus, ni por cuánto tiempo. Si la inmunología no miente -si este virus no es extraterrestre, que no lo parece- las personas que lo pasaron podrían tener una cierta inmunidad por un tiempo, pero esa inmunidad podría no ser duradera.

Está claro que, a medida que la población se inmunice en tasas en torno al 60 por ciento, probablemente los ataques del virus caigan bastante. Y, ni bien tengamos la vacuna, esto se acabará: no se acabará el virus pero sí, un poco, la pandemia.

-¿Qué vio en esos primeros casos que atendió y qué ve ahora en los pacientes que recibe?

-Es variado. Un poco hemos seguido el patrón italiano, donde el 80 por ciento de los casos fueron cuadros leves y que pudieron se manejados en casa, incluida alguna neumonía leve.

Entre un 10 y un 20 por ciento, tuvieron que ser ingresados al hospital con neumonías muy graves y, de esas -1 de cada 4- han podido bajar a cuidados intensivos. El espectro de la enfermedad es muy variado: va desde cuadros con uno o dos días de síntomas, hasta neumonías muy graves con complicaciones que requieren intubación. Y, cuando intubamos, la mortalidad está oscilando entre un 50 y un 60 por ciento.

-¿Qué pasa con las secuelas tan preocupantes que el COVID-19 está dejando?

-Estamos viendo procesos destructivos pulmonares muy importantes, sobre todo en los pacientes intubados. Pero no solo eso: tenemos personas que, luego de haber sido dadas de alta y que estuvieron intubadas, acaban volviendo al hospital con cuadros de fatiga. También, vemos alteraciones pulmonares estructurales, que pueden condicionar comportamientos funcionales anómalos, como fatiga o disnea.

Este virus ataca muchos órganos y no es un virus inocente. Tenemos cuadros renales con respuestas de huésped muy intensas y cargas vitales altas, que producen enfermedades y cuadros multisistémicos muy complejos.

En cuidados intensivos, estamos oscilando entre el 45 y el 60 por ciento, que es más o menos lo que replica la mortalidad italiana y china. Hay pacientes que van muy bien y otros muy mal: es una moneda al aire, es uno de cada dos.

REUTERS/Juan Medina

REUTERS/Juan Medina

-¿Es verdad que hay personas que tienen mejor genética que otras para hacerle frente al virus?

-Sí, es cierto. Estamos viendo a gente que, con la misma infección, hace respuestas inflamatorias brutales y neumonías impresionantes, y gente que con su misma edad, hace neumonías bastante banales. Evidentemente, la gravedad de la enfermedad la marcan dos factores: la carga viral inicial, los factores de riesgo de la persona y la carga genética, que controla sus factores inmunitarios de respuesta inflamatoria.

El sistema inmunitario parece enloquecer y de hecho, una de las terapias que se están ensayando es de bloqueo inmunológico. Pero hay que esperar los resultados.

¿De qué depende que una persona tenga más carga viral que otra?

-De muchas cosas, pero fundamentalmente, de la intensidad de las exposiciones al virus. Sabemos que, si una persona está 15 minutos con otra y a menos de 2 metros, la probabilidad de que te infectes no es baladí, teniendo en cuenta que esta enfermedad tiene una cosa muy curiosa que la hace especialmente mortífera: la persona inicialmente afectada puede ser asintomática. Entonces, alguien puede estar tomando un café con otra persona y le está pasando el virus. Luego, va a su casa e infecta a su familia.

Más tarde, esa persona se encuentra con otra y también le pasa el virus. Esa suma de cargas virales de exposiciones van sumando. Este virus se replica mil veces más que el antiguo SARS o el MERS, y tiene la capacidad que -en apenas dos días- puede colonizar prácticamente a toda la vía respiratoria. Hay gente que se ha expuesto al virus, e incluso, ha pasado asintomática a la enfermedad, porque de hecho, tienen anticuerpos pero no han sentido síntomas. Eso depende mucho del sistema inmune.

Cuando una persona está especialmente expuesta y con exposiciones repetidas, tiene un riesgo estadístico muy alto de desarrollar la enfermedad y de replicarse en sus vías respiratorias. Y, lo que es aún peor, contagiar a la gente en los primeros dos o tres días, sin que se de cuenta.

-¿Qué medicación les dan a los pacientes infectados?

-El tema fundamental en esta enfermedad es que hemos usado cosas sin evidencia científica, es decir, que no se han probado en este contexto. La cloroquina tiene estudios realizados, aunque aún no está claro si funciona o no. También, se han utilizado antibióticos como la azitromicina, bloqueadores inmunológicos, corticoides, inhibidores de proteasa, antirretrovirales que se dan en pacientes con HIV… Es difícil saber qué ha funcionado y que no.

Más que medicina basada en la evidencia, hemos hecho medicina basada en la emergencia y en la angustia, porque al final, algo les tienes que dar a tus pacientes. Hemos utilizado todo tipo de cosas y en combinaciones variadas. No tenemos ninguna droga que confirme que funciona.

Ahora, parece que el Remdesivir es un antiviral puede tener un valor pero, por lo que he visto, no es algo que vaya a mejorar el pronóstico. Habrá que verlo. Le garantizo que hemos utilizado literalmente de todo.

Algo que ha funcionado es la heparina, es decir, los anticoagulantes y ello porque esta enfermedad produce trombosis. Lo que evidentemente sigue funcionando es el tratamiento de soporte y la oxigenoterapia.

-¿Cómo ve el avance de la vacuna y cuándo podría estar lista?

-Los más rápidos con la vacuna son los grupos norteamericanos, que tienen un bloqueador de proteína. El ejército chino también está muy avanzado, porque está trabajando con humanos. En España, estamos trabajando con una vía más lenta que está en fase de estudio en ratones, pero que puede funcionar. Se trata de haber diseñado una especie de virus fake y se supone que la inmunidad que puede crear puede ser mucho más completa que, a lo mejor, una proteína. Lógicamente, cuando al virus le cambias un poco el paso, la proteína la puede mutar. Eso se ha discutido bastante, si este virus puede mutar mucho o poco. Nunca hemos visto un coronavirus tan potente y tan letal, ni tan contagioso como éste, ni tan inteligente: entonces, no sabemos qué hará cuando le intentemos poner una vacuna. A lo mejor, el virus puede cambiar.

Pero, para tener una vacuna, primero hay que diseñarla: eso es fácil. Luego, la tienes que probar en ratones y en humanos, eso es lo que se está haciendo ahora. También, tiene que ser segura. Después, la tienes que producir, distribuir y llevarla al mundo. Y, ese proceso en 18 meses, es imposible.

-A nivel personal, ¿qué pasa por su cabeza cuando se va de terapia intensiva y llega a su casa?

-Todos los médicos nos llevamos a casa a nuestros enfermos. Por lo menos, yo lo hago. Pero llega un momento en el que hay que saber desconectar y hay que tener la cabeza lo suficientemente bien como para hacer un impasse, hablar mucho con tu familia e intentar arroparlos, y dejar de lado las preocupaciones. Eso no es posible para todos, hay médicos que se llevan el dolor a casa y no lo pueden soltar, incluso se lo transmiten a su familia. Hemos tenido compañeros que se han ido a vivir a hoteles o a caravanas para no afectar a sus familias y se quedaron solos. El daño psicológico que ha sufrido el personal sanitario es alto. Ahora, estamos trabajando con psicólogos para que hagan terapia de intervención.

 REUTERS/Susana Vera

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Hay que disfrutar de la familia y pensar que hoy hay mucha gente que ya no va a poder hacer eso. Intentas disfrutar más y dar gracias de seguir vivo. Yo enfermé y sentía que cada día que me despertaba era un regalo. Esto te hace más positivo y te hace más fuerte. Aunque, particularmente, siempre fui una persona bastante reflexiva y por mis 32 años en terapia intensiva, siempre he pensado que la vida es muy perecedera: que pende de un hilo y que tienes que disfrutarla. Así que, he añadido un poquito más a lo que ya sabía.

-¿Cómo se enfermó de COVID-19?

-Un día empecé con tos, al día siguiente tenía fiebre. Entonces, me hice la prueba porque estaba seguro cómo me había enfermado: en un paro cardiorrespiratorio inesperado de un paciente y en el que nos protegimos mal. La PCR fue positiva y tienes que gestionar el miedo. Tengo compañeros que lo pasaron muy mal, pero afortunadamente en este hospital, ninguno ha fallecido… pero en otro sí.

Levantarte todos los días, pensando que al séptimo día puede empezar la neumonía real… te vas acercando a esa fecha y tienes que dominar mucho la cabeza para no ponerte en lo peor. Cuando te dicen que eres positivo, sientes que puedes estar en un tobogán cuya caída no ves: no ves el fondo y no sabes adónde te va a llevar ese camino. Tienes que gestionar eso con tus miedos y, además, hay muchos compañeros que dependen de ti.

Yo hice teletrabajo desde casa y, afortunadamente, la sintomatología en seguida se controló. Pero la gestión del miedo y de la angustia, e incluso de compañeros que no querían exponerse más, porque veían que nosotros también estábamos enfermos… Eso ha sido muy, muy duro.

Siempre me he puesto del lado de los enfermos y estar del otro lado te ayuda a entender qué es lo que pasa por su cabeza, por la de sus familias. Te hace un poco más empático, aunque lo soy por vocación, por filosofía, por estudios y porque me he pasado muchos años viendo lo que les pasaba a mis pacientes: no solo desde el punto de vista histopatológico, sino desde el punto de vista moral, espiritual y emocional. Creo que es importante tratar de atender esas necesidades

La cruenta batalla diaria contra el COVID-19 a la que se enfrentan los médicos y que ya se ha cobrado la vida de cientos de sanitaristas en el mundo - Foto: REUTERS/Sergio Perez

La cruenta batalla diaria contra el COVID-19 a la que se enfrentan los médicos y que ya se ha cobrado la vida de cientos de sanitaristas en el mundo – Foto: REUTERS/Sergio Perez

-¿Se recuperó y no dudó en volver a trabajar apenas le dieron el alta médica?

-No me dio miedo volver. En absoluto. Y aunque los anticuerpos no me hubieran dado negativos, lo hubiera hecho igual, porque sabía perfectamente por qué nos habíamos contaminado, cuáles eran los fallos que habíamos tenido y, probablemente, ahora tenemos las claves para no volver a equivocarnos. Pero no puedes volver con miedo, porque para eso, no vuelvas.

-¿Cuáles fueron los fallos que lo llevaron a contagiarse?

-Si no hay medidas de protección individual y buenas relaciones te vas a contagiar: esto se los digo a los compañeros de la Argentina. Tienes que tener trajes, mascarillas, gafas, sistemas que te permitan no contaminarte y seguir los protocolos rigurosos. Es como ir a la guerra sin tener chaleco antibalas.

También, les digo a mis colegas argentinos que, desde el minuto uno, lleven mascarillas y no se las quiten hasta que lleguen a su casa. Y es que a veces no te contamina el enfermo, te contamina tu compañero asintomático tomándote un café con él.

Entonces, mascarilla en todo momento, mucho lavado de manos y distancia en los hospitales dentro de lo que se pueda. Eso evita mucho contacto secundario del propio personal, que se puede contaminar.

Me contaminé en un paro cardiorrespiratorio y me salió el reflejo de reanimar a esa persona con la mascarilla inadecuada. Tal vez fue eso, pero también pudo haber sido el café con mi compañero asintomático. No lo sé.

He visto cuartos de enfermería, tomando café a cincuenta centímetros sin mascarilla, con gente que tú no sabes si está contagiada. Sobre todo, porque aquí no se les ha hecho tests a los sanitarios y espero que en la Argentina sí se los estén haciendo. Eso es un problema muy gordo y son los errores que yo creo que no se deberían volver a repetir.

REUTERS/Nacho Doce

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-¿Qué pasa con los tests en España?

-Al principio, no había y nos decían que no eran necesarios. ¡Claro que son necesarios! Lo que pasa es que no hay. Cuando tienes al virus circulando libremente -cómo pasó aquí, en España o en Francia- la única alternativa que tienes es el confinamiento y los test son muy importantes: tengo que saber si mi compañero está sano o enfermo para que no contamine, porque si caigo yo, caemos una fuerza importante. Nosotros no somos más importantes que los demás pero, en esta crisis, somos vitales, como lo son las fuerzas de seguridad, etc.

No dejen que a sus sanitarios no les hagan los test, porque es preferible retirarlos antes que -por no hacerlo- pierdan el triple de gente y estén de licencia médica en sus casas. Ese es un error que aquí hemos cometido y que no se debería de volver a cometer. Aquí la idea es que, cuantos más test se hagan, mejor.

-La elección de los médicos -que deben elegir entre salvar a uno u otro paciente- debe ser durísima, por no tener los recursos necesarios para luchar por las dos vidas…

Afortunadamente, esas decisiones han sido muy escasas pero, cuando estábamos quintuplicando camas de cuidados intensivos y no había respiradores, se han tomado algunas decisiones de ese tipo. Pero no porque una vida valga más que la otra, sino porque simplemente es una cuestión de utilidad social y de pragmatismo. Esto que es tan duro ha pasado en Italia y aquí, y es lo que hace cualquier especialista en catástrofes cuando llega un autobús con 50 muertos y un montón de heridos. Entonces, tiene que pasar a triage y ver qué gente se puede salvar y quién no. Desgraciadamente, entramos en terrenos de catástrofe, donde hay que tomar esas decisiones que son duras y difíciles, pero se hacen por una cuestión de recursos.

-¿Qué es lo que más le preocupa hoy?

-Fundamentalmente, que tengamos rebrotes y volvamos a la situación anterior. Y que si los hay, podamos controlarlos y tengamos los medios suficientes, para no caer en la situación de sobrecarga y desbordamiento que tuvimos. La salida de una pandemia no tiene manuales, los criterios pueden ser falibles, pero también dependen de nuestro comportamiento.

Me preocupa también qué va a pasar con mi país en los próximos años, porque nos vamos a meter en unas tasas de paro del 19 por ciento, donde vamos a caer en un 9 por ciento del PBI, donde su turismo se va a ir al cubo de la basura, donde va a haber mucha gente que no va a llegar a fin de mes y que la va a pasar muy mal, donde a pesar de que el gobierno va a meter mucho dinero, la inequidad social va a aumentar…

Todo eso me preocupa terriblemente, porque es es la segunda derivada. Lo más importante es sacar a la mayor parte de la ciudadanía viva, porque sin vida lo demás sobra. Pero, lo que va a ocurrir después es complicado, nos vamos a enfrentar a 18 meses de cambios importantes, donde vamos a tener que cambiar la forma de relacionarnos, de hablar, de convivir. Todo va a ser distinto hasta que la vacuna llegue y que la inmunidad de rebaño consiga que no nos enfermemos otra vez. El virus se va a quedar, solo que será menos agresivo en su comportamiento de contagio. Deseo que no haya más enfermos y que no haya más muertos.

 REUTERS/Juan Medina

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-¿Le preocupan las secuelas?

-Esa es otra de mis preocupaciones, porque estamos viendo gente con problemas pulmonares muy severos: esto no es gratis y mucha gente que puede quedar tocada funcionalmente. Ese también es un punto que me quita el sueño.

Diego Simeone, el entrenador del Atlético de Madrid, tiene una famosa frase que dice “De partido a partido”. Esa frase aplica al coronavirus. Primero, vamos a intentar que esto no rebrote, sacar la vacuna, que el próximo otoño no sea tan terrible como éste y, mientras tanto, vamos a cuidar de nuestra población y de que no se empobrezca. Si no hay más enfermos, no va a haber más muertos

-¿Qué mensaje le quiere dejar a los argentinos?

 REUTERS/Susana Vera

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-Quiero decirles que han hecho un gran esfuerzo de cuarentena para controlar la transmisión viral y que no lo cesen ahora. Si salen, de acuerdo a los criterios científicos de sus expertos, que sean muy respetuosos y muy cívicos. De tus comportamientos puede depender que tú te enfermes, pero también, que enfermes a otros. Creo que después de un esfuerzo tan tremendo, como lo hicieron las sociedades argentinas y españolas que son muy vitales, que les gusta salir y andar por la calle, que las hayan tenido confinadas -algo que parecía imposible- sería absolutamente tonto y además ineficiente, tirar la casa por la ventana y que se malogre un trabajo intenso.

Cualquier violación de las normas puede contribuir a que se introduzcan en un camino muy negro. Aprovechen lo que han hecho y háganlo bien, no hay otro camino. A los argentinos les pido que aprendan de nuestros errores.

Si ustedes se meten en el invierno, no hacen las cosas bien y no pueden seguir las cadenas de transmisión, el virus va a circular comunitariamente y prepárense para lo peor. Sean cuidadosos y aprendan: es preferible un confinamiento demás, que mil muerto más. Hagan las cosas bien, ya las han hecho bien.

El confinamiento es muy importante, porque todavía probablemente pueden retrasar esos casos, pero el día que pierdan eso y no se hagan las cosas bien, el virus circulará libremente y tendrán un problema muy grave. Yo no conozco mucho el sistema sanitario argentino, más que por referencias, pero nosotros pensábamos que teníamos un sistema en el que teníamos de todo: pero esta crisis hace estallar las costuras de cualquier sistema. Si no estas mínimamente preparado, no se soporta y los muertos se acumulan de una manera indecente. Hagan las cosas bien, aprovechen el confinamiento y la transmisibilidad baja del virus para tenerlo muy controlado: estén muy vigilantes a cada caso para muestrearlo, los contactos, las redes epidemiológicas, etc. El día que ese virus se desmadre y circule libremente, tendrán un gravísimo problema.

-¿Qué le diría a sus colegas argentinos?

-Les advertimos que se preparen si en algún momento se descontrola, porque pueden vivir una auténtica catástrofe. Los hospitales no van a dar abasto. No se confíen, vamos para uno o dos años con este virus, y no crean que esto ya lo hemos vencido: repito, no se confíen. Pero es preferible pasar dos años malos, que tener a muchos compatriotas enterrados o simplemente, al final, hacerlo mal y meterse en una vorágine económica. Aprendan de los errores y tengan planes de anticipación.

Vean imágenes de lo que ha ocurrido en España, vean cómo hemos estado y tengan cuidado, porque mañana eso mismo puede llegar a Buenos Aires. Nosotros pensábamos que pasaba en Italia y creíamos que aquí lo teníamos controlado. Por favor, no se confíen, en absoluto.

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Por la vacunación, empiezan a bajar los contagios de COVID-19 entre el personal de la salud

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Ya los casos confirmados en Ciudad de Buenos Aires son menos del 1% entre los trabajadores de la salud. En Mendoza y Rosario, también corroboran esta tendencia en baja de casos

El personal de la salud puso el cuerpo para atender a los pacientes con COVID-19, y muchos perdieron sus vidas. Por la exposición repetida o por no contar con la protección adecuada, más de 360 médicos y enfermeros, entre otros integrantes del sistema de salud, habían fallecido para principios de diciembre. A partir del inicio de la campaña de vacunación, pasaron a ser un grupo prioritario y ya se empiezan a registrar el descenso de casos confirmados dentro del personal de la salud con la eventual disminución de los fallecimientos.

En la Ciudad de Buenos Aires, los casos confirmados de COVID-19 en el personal de la salud representaban entre el 3 y el 4% en diciembre pasado, en base al registro epidemiológico que lleva el Ministerio de Salud porteño. En cambio, durante las últimas semanas los casos confirmados son menos del 1%.

Cómo evolucionaron los casos de la población general en la ciudad de Buenos Aires en comparación con los casos del personal de la salud que fue vacunado. Cómo evolucionaron los casos de la población general en la ciudad de Buenos Aires en comparación con los casos del personal de la salud que fue vacunado.

También en la provincia de Mendoza, el Ministerio de Salud corroboró la tendencia en baja de menos afectados en el personal de la salud. Según contó a Infobae la infectóloga y jefa del departamento de inmunizaciones de la cartera de salud mendocina, la doctora Iris Aguilar, “hay una disminución marcada de casos de COVID-19 en el subgrupo del personal de la salud. Durante el mes de febrero sólo hubo dos casos de COVID-19 en enfermeros”.

En la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, comienzan a registrarse cambios. “Empezamos con la vacunación el 29 de diciembre y ya el primer día se inmunizó a 75 personas. Ya con la primera dosis ya hubo reducción de casos del personal de la salud a mitad de enero. En febrero ya estaba vacunado casi todo el personal de la salud, y no hemos tenido casos de médicos o enfermeros con COVID-19”, contó a Infobae Carolina Subirá, infectóloga y coordinadora del área de Calidad y Seguridad del Paciente del Sanatorio Parque en Rosario.

Los trabajadores de la salud fueron considerados población estratégica por el Ministerio de Salud de la Nación a la hora de armar el plan de vacunación para desacelerar la pandemia y reducir el número de muertes. Son un grupo clave para sostener adecuadamente el funcionamiento y la respuesta del sistema sanitario. También se consideró el nivel de exposición al que se enfrentaban. En noviembre de 2020, el personal de la salud representaba el 4,4% sobre el total de casos confirmados de COVID-19 en todo el país.

En diciembre, se había estimado en base al Registro Federal de Personal Sanitario que se iban a vacunar inicialmente 763.000 trabajadores de la salud en Argentina
REUTERS/Agustin MarcarianEn diciembre, se había estimado en base al Registro Federal de Personal Sanitario que se iban a vacunar inicialmente 763.000 trabajadores de la salud en Argentina REUTERS/Agustin Marcarian

De acuerdo al monitor público de vacunación, hoy miércoles 3 de marzo ya se habían realizado 890.221 aplicaciones en el personal de la salud. Pero no se especifica cuántos corresponden a la primera y a la segunda dosis. En el plan original, se había estimado en base al Registro Federal de Personal Sanitario que se iban a vacunar inicialmente 763.000 trabajadores de la salud.

En la provincia de Buenos Aires, el titular de la cartera de Salud, Daniel Gollan, había informado el martes que el 95% del personal de la salud se ha inscripto para recibir la vacuna. Ya le aplicaron la vacuna a 200.000 de los 231.264 registrados. El funcionario dijo que durante los próximos meses “el personal de salud estará protegido para atender la demanda de urgencia”. La vacunación hará “que no se nos caigan las guardias cada vez que haya un caso en el personal”, agregó. Adelantó que este año el protocolo para el personal de salud será diferente. Están haciendo un estudio en el personal de salud sobre el impacto de la vacunación. “El 8% se podría enfermar aunque haya recibido la vacuna, pero sería de una forma leve. Por eso, será necesario seguir con los cuidados”, expresó Gollan.

En cambio, desde la perspectiva de la doctora Silvia González Ayala, profesora de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata y miembro del Comité Institucional de Revisión de Protocolos de Investigación del Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata, hay que mantener cautela sobre la evolución de la pandemia y el impacto de la vacunación. Le dijo a Infobae: “El 29 de diciembre se empezó a vacunar con la primera dosis en el personal de la salud de la Argentina. Es esperable que los casos confirmados de COVID-19 y los fallecimientos bajen por el impacto de la vacunación en ese grupo priorizado”.

Ya hay transmisión comunitaria en la Argentina de las variantes del coronavirus que fueron detectadas en el Reino Unido y en Río de Janeiro, Brasil, según relevó el Consorcio PaísYa hay transmisión comunitaria en la Argentina de las variantes del coronavirus que fueron detectadas en el Reino Unido y en Río de Janeiro, Brasil, según relevó el Consorcio País

De acuerdo con González Ayala, “la vacunación en los grupos priorizados viene lento. Ya se distribuyeron 2.231.310 dosis, pero aún solo se aplicaron 1.181.292 dosis. Considero que hay que hacer un shock de vacunación para evitar la circulación local de las variantes de preocupación”. En el caso de la vacuna Sputnik, su eficacia es del 85% con la primera dosis. Con la segunda dosis, la eficacia llega al 91,6%.

La preocupación de la doctora González Ayala está en el potencial avance de nuevas variantes que podrían limitar la eficacia de las vacunas. “Hay que tener en cuenta que las vacunas podrían no cubrir todas las variantes que aparezcan. Por ejemplo, la vacuna de AstraZeneca solo protege en el 22% en los casos de infección por la variante de Sudáfrica. Con respecto a la variante de Manaos, aún no se sabe. Esto significa que se necesita que la vacunación avance más rápido para desacelerar la propagación de las variantes, y evitar que se reduzca la eficacia de las vacunas”.

Ya hay transmisión comunitaria en la Argentina de las variantes del coronavirus que fueron detectadas en el Reino Unido y en Río de Janeiro, Brasil, según relevó el Consorcio País, que depende del Ministerio de Ciencia de la Nación. Se trata de casos confirmados de COVID-19 que no tenían antecedentes de viajes.

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Coronavirus: la OMS publicó nuevas recomendaciones sobre el uso de barbijos de tela

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El organismo aconseja usar los de tres capas y sin válvulas. Las desventajas de ponerse dos a la vez.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó este miércoles varios consejos sobre el uso de barbijos de tela durante la pandemia de coronavirus, en los que, entre otras cosas, recomendó la utilización de las que tengan triple capa y sin válvulas.

De las tres capas, la interior en contacto con la boca debería ser de algodón absorbente, la intermedia de polipropileno, y la exterior podría ser también de polipropileno o de un poliéster resistente a la humedad, explicó la OMS en su informe epidemiológico semanal.

La organización también recomienda examinar el envase del barbijo para comprobar si ha sido probado en laboratorio, si garantiza al menos un 70 por ciento de filtración de pequeñas gotas, y si conserva sus propiedades durante al menos cinco lavados.

Por otro lado, la OMS subraya que no solo debe tenerse en cuenta la capacidad de filtración de las mascarillas, sino su adaptación a la cara: deben cubrir la nariz, la boca y la barbilla sin dejar aberturas y a la vez permitir respirar bien.

En este sentido, el organismo advierte que usar dos mascarillas de tela a la vez puede conllevar ciertos riesgos, ya que podría dificultar tanto la respiración del usuario que lo obligaría a quitársela cada determinado tiempo para recobrar el aliento.

Las mascarillas de tela, no médicas, deben ser guardadas en bolsas de plástico u otros envoltorios seguros antes o después de su uso, y lavarse con jabón o detergente, preferiblemente a 60 grados.

Como alternativa, se puede lavar con agua a temperatura ambiente y jabón, aunque a continuación la OMS recomienda dejar la mascarilla en agua hirviendo durante un minuto.

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Un nuevo estudio a gran escala sobre la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer confirmó que tiene una efectividad superior al 90% para prevenir casos graves

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La información se desprende de los resultados observados en más de medio millón de personas inoculadas en Israel. La cifra fue del 62% para los que habían recibido la primera dosis

Un nuevo estudio a gran escala de la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer confirmó que tiene una efectividad superior al 90 por ciento a la hora de prevenir casos graves de la enfermedad.

En concreto, la cifra fue del 92 por ciento en este tipo de casos luego de recibir dos dosis, y del 62 después de una. También mostró que el riesgo de muerte se redujo en un 72 por ciento en las primeras dos o tres semanas después de recibir la primera vacuna. Y la cifra podría subir a medida que la inmunidad colectiva continúe creciendo.

En cuanto a la capacidad de prevenir hospitalizaciones, las cifras fueron: 74 por ciento luego de una dosis y 87 después de la segunda y de 46 y 92 por ciento respectivamente a la hora de evitar la infección por completo. También reportaron un 94 por ciento para prevenir el desarrollo de síntomas.

La información fue recabada a partir de los resultados observados en más de medio millón de personas que fueron inoculadas en Israel, el país que ha vacunado al mayor porcentaje de su población a nivel global y ha usado exclusivamente el inmunizante desarrollado por ese laboratorio.

La información fue igual de alentadora para las personas mayores de 70 que para los demográficos menores. En Israel, más de la mitad de la población ha recibido la primera dosis de la vacuna y el 34,7 por ciento ya tiene ambas en su organismo, según la agencia Bloomberg, que compila información de las campañas de inmunización a nivel global.

Una mujer recibe una vacuna contra el COVID-19 en Israel. (AP Photo/Sebastian Scheiner)Una mujer recibe una vacuna contra el COVID-19 en Israel. (AP Photo/Sebastian Scheiner)

“Se trata de la primera prueba validada por pares de la eficacia de una vacuna en las condiciones del mundo real”, declaró a la agencia AFP Ben Reis, uno de los coautores del estudio, publicado este miércoles el el New England Journal of Medicine.

En paralelo, el doctor Gregory Poland, de la Clínica Mayo en Estados Unidos, le dijo a The Associated Press que los resultados son “inmensamente tranquilizadores”. “Más de lo que esperaba”, expresó.

El informe podría alentar a las autoridades a demorar la aplicación de la segunda dosis de la vacuna para aumentar la cantidad de personas que reciban al menos una. “Preferiría que 100 millones de personas reciban una a que 50 millones reciban dos”, dijo a AP el doctor Buddy Creech, de la univerisdad de Vanderbilt. “Creo que es una estrategia muy aceptable a considerar”, expresó por su parte Poland.

El estudio, llevado a cabo por científicos del instituto Clalit y la Universidad Ben-Gurion, comparó las estadísticas de más de medio millón de personas que habían sido inoculadas durante diciembre o enero con una cantidad equivalente de otras que no lo habían sido. Ninguna de ellas había contraído la enfermedad. 41 personas murieron en total, y 32 de ellas pertenecían al grupo que no había recibido la vacuna.

Adultos mayores vacunados muestran sus "pases verdes", que los habilitan a realizar distintas actividades en el país. Foto: REUTERS/Amir CohenAdultos mayores vacunados muestran sus “pases verdes”, que los habilitan a realizar distintas actividades en el país. Foto: REUTERS/Amir Cohen

Las cifras son consistentes con el 95 por ciento de efectividad que el laboratorio había reportado en sus estudios de fase tres, y que llevaron a distintas autoridades regulatorias a lo largo del mundo a aprobar y comenzar a aplicar la vacuna.

Otro estudio del ministerio de Salud del país de Medio Oriente fue aún más alentador: informó que la vacuna posee una efectividad del 98,9% para prevenir la muerte, un 99,2% de protección contra enfermedades graves, reduce la morbilidad en un 95,8% y disminuye la posibilidad de hospitalización en un 98,9%.

Dado el éxito de la campaña, Israel ha reabierto gran parte de sus actividades. Gimnasios, teatros, hoteles, conciertos y sinagogas registrados en su programa de “pasaportes verdes” ya pueden operar. El pasaporte verde se concede a quienes lleven una semana vacunados contra el coronavirus, o a las cerca de 740.000 personas recuperadas del virus que actualmente no tienen derecho a la vacuna.

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