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Logran que una prueba de sangre diagnostique con precisión el Alzheimer

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Los científicos dicen que el test podría estar disponible en unos pocos años, lo que aceleraría la investigación de tratamientos y proporcionaría un diagnóstico para los pacientes con demencia que quieren saber si tienen la enfermedad de Alzheimer.

Un nuevo análisis de sangre para el Alzheimer ha diagnosticado la enfermedad con tanta precisión como los métodos que son mucho más caros o invasivos, según informaron científicos el martes, un paso significativo hacia un objetivo a largo plazo para los pacientes, los médicos y los investigadores de la demencia. La prueba tiene el potencial de hacer el diagnóstico simple, asequible y ampliamente disponible.

La prueba determinó si las personas con demencia tenían Alzheimer en lugar de otra enfermedad. E identificó signos de la enfermedad degenerativa y mortal 20 años antes de que se esperasen problemas de memoria y razonamiento en personas con una mutación genética que causa Alzheimer, según una investigación publicada en JAMA Network Open y presentada en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer.

Los investigadores y otros expertos estimaron que esa prueba podría estar disponible para su uso clínico en tan sólo dos o tres años, proporcionando una forma asequible y sencilla de diagnosticar si las personas con problemas cognitivos estaban experimentando Alzheimer, en lugar de otro tipo de demencia. Un análisis de sangre como este también podría eventualmente ser usado para predecir si alguien sin síntomas desarrollaría Alzheimer.

“Este análisis de sangre predice con mucha, mucha precisión quiénes tienen la enfermedad de Alzheimer en el cerebro, incluyendo a las personas que parecen ser normales”, dijo el Dr. Michael Weiner, un investigador de la enfermedad de Alzheimer de la Universidad de California en San Francisco, que no participó en el estudio. “No es una cura, no es un tratamiento, pero no se puede tratar la enfermedad sin poder diagnosticarla. Y el diagnóstico preciso y de bajo costo es realmente emocionante, así que es un gran avance“.

Cerca de 6 millones de personas en los Estados Unidos y aproximadamente 30 millones en todo el mundo tienen Alzheimer, y se espera que sus filas se dupliquen con creces para el año 2050 a medida que la población envejezca.

Los análisis de sangre para detectar el Alzheimer, que están siendo desarrollados por varios equipos de investigación, proporcionarían cierta esperanza en un campo que ha experimentado un fracaso tras otro en su búsqueda de formas de tratar y prevenir una enfermedad devastadora que roba a las personas sus recuerdos y su capacidad de funcionar de forma independiente.

Los expertos dijeron que los análisis de sangre acelerarían la búsqueda de nuevas terapias al hacer más rápido y barato el examen de los participantes para los ensayos clínicos, un proceso que ahora a menudo lleva años y cuesta millones de dólares porque se basa en métodos costosos como las tomografías por emisión de positrones (PET) del cerebro y las punciones lumbares para el líquido cefalorraquídeo.

Pero la capacidad de diagnosticar el Alzheimer con un rápido análisis de sangre también intensificaría los dilemas éticos y emocionales de las personas que deciden si quieren saber si tienen una enfermedad que aún no tiene cura o tratamiento.

La prueba, que mide una forma de la proteína tau que se encuentra en los ovillos que se propagan por el cerebro en el Alzheimer, demostró ser notablemente precisa en un estudio de 1.402 personas de tres grupos diferentes en Suecia, Colombia y los Estados Unidos. Se desempeñó mejor que las resonancias magnéticas del cerebro, fue tan bueno como las tomografías por emisión de positrones o las punciones lumbares y fue casi tan preciso como el método de diagnóstico más definitivo: las autopsias que encontraron fuertes evidencias de Alzheimer en los cerebros de las personas después de que murieron.

“En base a los datos, es un gran paso adelante”, dijo Rudolph Tanzi, profesor de neurología del Hospital General de Massachusetts y de la Escuela de Medicina de Harvard, que no participó en la investigación.

Él y otros expertos dijeron que los resultados tendrían que ser replicados en ensayos clínicos en más poblaciones, incluyendo aquellas que reflejan más diversidad racial y étnica. La prueba también tendrá que ser refinada y estandarizada para que los resultados puedan ser analizados consistentemente en laboratorios, y necesitará la aprobación de los reguladores federales.

Actualmente, los diagnósticos de Alzheimer se hacen principalmente con evaluaciones clínicas de la memoria y el deterioro cognitivo, así como con entrevistas a los familiares y cuidadores de los pacientes. Los diagnósticos suelen ser inexactos porque los médicos tienen problemas para distinguir el Alzheimer de otras demencias y condiciones físicas que implican un deterioro cognitivo.

Medidas como las tomografías por emisión de positrones y las punciones lumbares – costosas y a menudo no disponibles – pueden detectar niveles elevados de proteína amiloide, que se agrupa en placas en los cerebros de las personas con Alzheimer, y ha habido progresos recientes en los análisis de sangre para detectar amiloide. Pero el amiloide por sí solo no es suficiente para diagnosticar el Alzheimer porque algunas personas con altos niveles no desarrollan la enfermedad.

“El simple hecho de decir que tienes amiloide en el cerebro a través de una tomografía por emisión de positrones (PET) hoy en día no te dice que tienen tau, y por eso no es un diagnóstico para el Alzheimer”, dijo María Carrillo, directora científica de la Asociación de Alzheimer. Por el contrario, el análisis de sangre de tau parece registrar la presencia de placas amiloides y ovillos de tau, ambos en cerebros de personas con Alzheimer confirmado, dijo.

“Esta prueba realmente abre la posibilidad de poder usar un análisis de sangre en la clínica para diagnosticar a alguien con Alzheimer de manera más definitiva”, dijo Carrillo. “Increíble, ¿no? Quiero decir, realmente, hace cinco años, te habría dicho que era ciencia ficción.” Detectar la tau también podría ser valioso para predecir la rapidez con que las capacidades cognitivas de una persona disminuirán, porque, a diferencia de la amiloide, la tau tiende a aumentar a medida que la demencia empeora, dijo.

La prueba tuvo una precisión del 96% para determinar si las personas con demencia tenían Alzheimer en lugar de otros trastornos neurodegenerativos, dijo el Dr. Oskar Hansson, autor principal del estudio y profesor de investigación clínica de la memoria en la Universidad de Lund en Suecia. Ese desempeño, en un grupo de casi 700 personas de Suecia, fue similar a las tomografías por emisión de positrones (PET) y a las punciones lumbares, y fue mejor que las resonancias magnéticas y los análisis de sangre para detectar amiloide, otra forma de tau y un tercer tipo de biomarcador neurológico llamado cadena ligera de neurofilamentos.

Las personas con Alzheimer tenían siete veces más de la proteína tau, llamada p-tau217, que las personas sin demencia o las que tenían otros trastornos neurológicos, como la demencia frontotemporal, la demencia vascular o la enfermedad de Parkinson, dijo Hansson.

“Esto es tan específico para la enfermedad de Alzheimer”, comentó.

El estudio también comparó los hallazgos de las autopsias cerebrales de los donantes de Arizona con los resultados de los análisis de la sangre que donaron antes de morir. Encontró que el análisis de sangre era un 98% tan preciso en el diagnóstico de Alzheimer como las autopsias de las personas que tenían una alta probabilidad de padecer la enfermedad porque tenían tanto placas amiloides como extensos ovillos de tau en sus cerebros, dijo el Dr. Eric Reiman, otro autor principal y director ejecutivo del Instituto Banner de Alzheimer en Phoenix. La prueba fue 89% tan precisa como las autopsias de cerebros que contenían placas pero que tenían menos ovillos de tau y se consideraban moderadamente probables de haber tenido Alzheimer, dijo.

Y en más de 600 miembros de la familia más grande del mundo con Alzheimer genético de inicio temprano, la prueba esencialmente identificó quiénes desarrollarían la enfermedad 20 años antes de que los síntomas de la demencia salieran a la superficie. En esta familia extendida en Colombia, de unas 6.000 personas, algunos tienen una mutación que causa deterioro cognitivo a partir de los 40 años. La prueba pudo distinguir entre los que tienen y los que no tienen la mutación en personas de tan sólo 25 años.

Los usos más inmediatos de los análisis de sangre serían acelerar y reducir el costo de los ensayos clínicos y permitir a los médicos diagnosticar o descartar el Alzheimer en pacientes con demencia si ellos y sus familias buscaran esa información para ayudarles a planificar lo que les espera.

“La certeza de un diagnóstico podría ayudar a los pacientes, a los cuidadores familiares y a los propios médicos a afrontarlo”, dijo Reiman.

Las pruebas de sangre podrían eventualmente usarse antes, permitiendo que las personas que estaban comenzando a tener problemas leves de memoria aprendan si desarrollarían Alzheimer o si en cambio tienen otra afección que podría ser menos agresiva o de evolución rápida, señaló Weiner.

Además, Tanzi señaló que en el futuro se podrían realizar pruebas de sangre a personas sin ningún tipo de discapacidad, tal vez como herramientas de evaluación inicial a las que se les dará seguimiento con escáneres TEP si se detectan niveles preocupantes de biomarcadores.

“Tiene la promesa de hacer posible la detección temprana de la enfermedad, antes de que tengamos síntomas”, dijo Tanzi, algo que el área sólo recomendaría para uso clínico si hubiera formas efectivas de prevenir o tratar el Alzheimer.

Hansson dijo que su laboratorio estaba estudiando si la prueba podría predecir la demencia en personas sin impedimentos o con problemas leves de memoria.

La prueba en el estudio de JAMA utilizó un método llamado inmunoensayo para detectar los compuestos que se unen a los anticuerpos. Se están desarrollando varios de estos ensayos. El ensayo particular del estudio fue desarrollado por Eli Lilly and Company, que proporcionó materiales y tres empleados para realizar los ensayos; se permitió a la empresa revisar el manuscrito pero no vetar nada en él, informaron los autores. La mayor parte de los fondos para el estudio procedían de organismos gubernamentales y fundaciones de Suecia y los Estados Unidos.

En la conferencia de la Asociación de Alzheimer, Hansson y un coautor, el Dr. Kaj Blennow, presentaron sus conclusiones, al igual que otros dos equipos de investigación que trabajan en los análisis de sangre de tau.

Una prueba, desarrollada por un equipo de la Universidad de Washington en St. Louis que incluía al Dr. Randall Bateman, la Dra. Suzanne Schindler y Nicolas Barthélemy, utilizó un método llamado espectrometría de masas, que detecta moléculas enteras de tau o amiloide. En un estudio publicado el martes en el Journal of Experimental Medicine, ese equipo encontró que la misma forma de tau en el estudio de JAMA, p-tau217, se correlacionaba más estrechamente con la acumulación de amiloide en el cerebro que otra forma, p-tau 181, en la que algunos investigadores se han estado enfocando. Schindler, un profesor asistente de neurología, dijo que eso podría deberse a que la p-tau217 emerge antes en el proceso de la enfermedad de Alzheimer.

“Personalmente encuentro muy tranquilizador que estos diferentes grupos estén usando diferentes tipos de ensayos y obteniendo el mismo resultado”, dijo Schindler. “Parece real. Parece que el 217 es muy prometedor como prueba de sangre para la enfermedad de Alzheimer, y es probable que se corresponda con los síntomas”.

En otro estudio presentado en la conferencia, el Dr. Adam Boxer, neurólogo de la UCSF, y Elisabeth Thijssen, estudiante graduada visitante, utilizaron el mismo inmunoensayo en el estudio de JAMA y encontraron que ambas formas de tau podían distinguir el Alzheimer de la demencia frontotemporal, mostrando lo específicas que son estas proteínas para detectar la tau asociada al Alzheimer, dijo Boxer.

Varios investigadores están trabajando con empresas o, como Bateman y Reiman, han formado las suyas propias. En última instancia, varios métodos podrían ser aprobados para uso médico. Carrillo dijo que la espectrometría de masas tenía la ventaja de depender de una máquina que ya estaba en uso, pero la desventaja de ser más cara y requerir más experiencia que los inmunoensayos, que son fácilmente analizados por laboratorios que realizan análisis de sangre de forma rutinaria.

“Dentro de unos pocos años, es muy posible que haya pruebas de laboratorio certificadas para estas proteínas y otras, y tal vez se desarrollen pruebas para la enfermedad de Parkinson y así sucesivamente”, dijo Weiner. “Es un mundo nuevo“.

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Coronavirus

Ante el rebrote de coronavirus, el Gobierno evalúa retomar el IFE y el programa ATP aunque en una versión acotada

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Tendrían un alcance menor, montos más bajos y podrían hasta tener otro nombre. El gabinete económico comenzará a analizar esas medidas

El Gobierno analizará en los próximos días volver a implementar programas de asistencia a familias y empresas en medio del rebrote de coronavirus en todo el país. Según pudo saber Infobae de fuentes oficiales, en la próxima reunión de gabinete económico los funcionarios discutirán la posibilidad de poner en marcha una versión acotada del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y extender ayudas salariales a través del ATP.

La idea que ronda en la Casa de Gobierno es retomar las medidas que aplicó el Poder Ejecutivo en la peor parte de la pandemia aunque tendrían montos y alcances más cortos, por los contextos diferentes de situación sanitaria y de restricciones a la actividad que hubo en marzo y abril de 2020 en comparación con la actualidad. Incluso los nuevos planes de asistencia a los salarios de los hogares y al sector privado podrían tener nombres distintos.

En los próximos días tendrá lugar la reunión semanal de gabinete económico que coordina el jefe de ministros Santiago Cafiero. Será la primera vez que se pone sobre la mesa esa posibilidad. El diagnóstico oficial es que la probabilidad más alta es la de reimplementar un programa similar al IFE, mientras que la ayuda para el pago de salarios como el ATP quedaría circunscripta a sectores todavía golpeados como el turístico o el entretenimiento.

En la reunión de gabinete económico de este jueves los funcionarios discutirán la posibilidad de poner en marcha una versión acotada del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y extender ayudas salariales a través del ATP.

La propuesta, que todavía está bajo análisis del presidente Alberto Fernández, fue alcanzada por los ministros de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, de Desarrollo Social Daniel Arroyo y de Trabajo Claudio Moroni. Los funcionarios plantearon que una nueva crisis sanitaria que obligue al Gobierno a tomar medidas restrictivas va a significar que la economía se vuelva a resentir, aún cuando los niveles de actividad no terminan de recuperarse desde el primer impacto de la pandemia.

Desde los tres ministerios asumen que, en un año en que el Gobierno deberá encarar un proceso de reducción del déficit fiscal en medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional, un aumento presupuestario no previsto para afrontar este tipo de medidas solo podría realizarse con reasignación de partidas y no con un aumento del gasto público.

El IFE alcanzó a 8,9 millones de personas con tres pagos bimestrales de $10.000. El Gobierno piensa en un programa de ayuda más acotado.El IFE alcanzó a 8,9 millones de personas con tres pagos bimestrales de $10.000. El Gobierno piensa en un programa de ayuda más acotado.

Las medidas de auxilio a los hogares y a las empresas demandó al Estado en 2020 un gasto equivalente a casi 5 puntos del Producto Bruto Interno, lo que significaría más de un billón de pesos, entre el IFE, ATP y el resto del paquete contra el coronavirus.

El IFE tuvo un alcance de 9 millones de personas durante tres pagos bimestrales de $10.000 que realizó el Gobierno entre abril y noviembre. El programa incluyó a sectores que quedaron desprotegidos por la irrupción de la pandemia y las restricciones a la circulación, como desocupados, trabajadores y trabajadores informales, personal de casas particulares, y monotributistas sociales o de las categorías A y B.

Las medidas de auxilio a los hogares y a las empresas demandó al Estado en 2020 un gasto equivalente a casi 5 puntos del Producto Bruto Interno, lo que significaría más de un billón de pesos, entre el IFE, ATP y el resto del paquete contra el coronavirus.

De acuerdo a datos oficiales, en total, prácticamente el 30% de la población argentina pidió a Anses cobrar los $10.000 de asistencia. Además de los 8,9 millones de casos aprobados, casi 4,6 millones de personas tuvieron sus solicitudes rechazadas, principalmente por tener un ingreso en blanco, ya sea el solicitante o un integrante de la familia.

El ATP llegó a cubrir, en el peor momento de la pandemia y con las restricciones de actividad y movimiento más rígidas en todo el país, los salarios de empleados de unas 234.000 compañías, principalmente comercio e industria. En esa primera ronda del Programa ATP, según estimaciones oficiales, la ayuda salarial incluyó a 2,3 millones de empleados en relación de dependencia.

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Ciencia

El primer paso hacia una vacuna argentina

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Es uno de los 85 prototipos mundiales que están en fase preclínica, de ensayos en animales. Es una investigación de trece científicos de la Universidad de San Martín y el Conicet.

Es la mañana de un día agobiante. Por el calor y por la pandemia. No se ven los ladrillos colorados, típicos de Norwood, en los Estados Unidos, donde está la sede de Moderna, ni las señoriales callecitas que rodean al Imperial College, en Inglaterra.

Pero aquí, cerca de las avenidas General Paz y Constituyentes, a minutos del tanque de gas gigante que quedó como símbolo de otra época, también se piensa en una vacuna para frenar al Covid-19. De las 169 que aún siguen en carrera, 85 están en la fase preclínica (de ensayos en animales) y una de ellas es un prototipo argentino. Viva va a su encuentro.

El auto dobla hacia una entrada del campus de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y aparecen distintos bloques de edificios. El más grande, color cemento, de unos 4 mil metros cuadrados y tres pisos, es la sede del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB). En uno de sus laboratorios trabajan 12 científicos liderados por la investigadora principal del Conicet Juliana Cassataro, experta en inmunología y enfermedades infecciosas. Juntos están atravesando el minuto cero de una vacuna argentina contra el coronavirus.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D'Elía.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D’Elía.

El blíndex de entrada tiene un teclado con código de seguridad. Cassataro, distinguida con los premios Houssay (2017) y Fundación Bunge y Born (2014), y financiada tres veces por la Fundación Bill & Melinda Gates, baja para habilitar el ingreso. Al llegar, saluda con un ademán de choque de codos, sin hacer contacto. Prolija, con barbijo quirúrgico y un guardapolvo blanco sobre un vestido floreado.

Demostramos en el laboratorio que la fórmula que estamos investigando induce anticuerpos que neutralizan al virus.

Juliana Cassataro, inmunóloga.

“Nuestro proyecto está en etapa preclínica, de ensayo en animales, casi a punto de terminar esta fase. Es decir, en estos seis meses demostramos, en el laboratorio, que la fórmula que elegimos, basada en proteínas recombinantes –una tecnología muy segura en la que se sustenta por ejemplo la vacuna contra la hepatitis B y en la que tenemos más experiencia–, induce anticuerpos que neutralizan al virus. Ahora estamos hablando con empresas locales que tengan la capacidad de producir este prototipo en condiciones GMP (N. de la R.: Según normas y directrices que garanticen su apropiada fabricación) para poder empezar una fase de prueba en humanos”, dice a metro y medio de distancia.

El escenario

Al atravesar el blíndex se accede a espacios luminosos de escaleras, galerías, escritorios y laboratorios. Las mesadas de trabajo son amplias y en las primeras cuatro se distribuye el equipo de Cassataro. En todas hay pequeños contenedores de cristal (placas de petri, erlenmeyers, balones, beakers), pipetas para dosificar volúmenes, geles de acrilamida para separar proteínas, cajas, computadoras, ficheros y calendarios.

Del otro lado de un largo pasillo están el bioterio, donde se ensaya con animales (ratones), las zonas de máxima bioseguridad y, en las cercanías, las máquinas para hacer observaciones. Por ejemplo, ver si alguna de las versiones de la fórmula está “neutralizando al virus”, es decir, si está dando resultado: si eso ocurre, aparecen imágenes fluorescentes.

Los jefes de cada sector tienen, además, otra área delimitada con escritorios y computadoras, donde van programando las rutinas de cada día y leen papers e información de revistas especializadas en ciencia.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D'Elía.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D’Elía.

Como en muchos laboratorios, hay una escenografía de desorden ordenado. Una señal de que están a toda máquina. “Desde abril estamos trabajando, casi todos, en forma presencial durante doce horas por día. Muy comprometidos”, confirma Cassataro.

La fórmula justa

Aquí, en medio de estos “Juegos de Química” pero de verdad, se está gestando una vacuna que, para empezar a diferenciarla, no se basa en ninguna de las plataformas que utilizan las que ya fueron aprobadas, como la de Moderna y Pfizer (con sus tecnologías ARN), o como la rusa que se aplica en el país con una “aprobación de emergencia” y que consiste en dos dosis, cada una con un vector de adenovirus diferente.

Las fórmulas que ensayó el equipo argentino, y que dieron como resultado, hasta ahora, un prototipo viable, listo para transferir a otra etapa, utilizan proteínas recombinantes.

Cuando se nos brinda apoyo, los científicos argentinos tenemos la capacidad de desarrollar lo que sea que se necesite.

Eliana Castro, bioquímica.

Una técnica que Cassataro explica así: “Nosotros tomamos diferentes partes del virus, como por ejemplo su proteína Spike, para producirlas en laboratorio. Esas proteínas, que son proteínas recombinantes, que nosotros producimos con células en el laboratorio, las purificamos. Logramos que queden recontra puras, de modo que al ingresar al organismo no infecten las células pero sean reconocidas por el sistema inmunológico para generar los anticuerpos necesarios y defenderse del virus real”.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D'Elía.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D’Elía.

El trabajo del equipo argentino no termina allí. “A la fórmula se le agrega algo más para tener una respuesta inmune deseada. Por eso estudiamos diferentes compuestos. Es decir, utilizamos prototipos con distintas formulaciones y mezclas. Hay que probar la dosis del antígeno, la cantidad, la dosis del otro compuesto. Una gran cantidad de combinaciones. Todo eso lo probamos en animales, estudiamos la respuesta inmune y seleccionamos las mejores fórmulas que induzcan los mejores anticuerpos neutralizantes del virus. A eso nos dedicamos en estos seis meses. Producimos, inmunizamos e hicimos un screeningseleccionamos entre muchas posibilidades. Y logramos un muy buen prototipo y otros dos que son más o menos”, detalla Cassataro.

Cómo sigue

Estos resultados se lograron gracias a un equipo interdisciplinario. “Somos varios inmunólogos que ya veníamos trabajando juntos. Para el proyecto nos unimos, además, al grupo de virólogos de Diego Alvarez, quien se encarga del diseño de las formulaciones candidatas incorporando las mutaciones del virus que circula en la Argentina”, comenta Cassataro.

Y agrega cómo fue el primer momento de este proyecto: “Decidimos presentarnos para recibir un subsidio de investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología bajo el título: Desarrollo de estrategias que ayuden a la prevención del coronavirus. Y es lo que estamos haciendo. Hacer una vacuna es una frase que suena muy linda, pero no se puede lograr solamente en mi laboratorio. Nosotros solos no vamos a poder concretarla. Lo que sí pudimos, en esta primera etapa, fue poner a punto las técnicas para estudiar su respuesta inmune. Para avanzar hay que transferir el prototipo a una empresa que pueda producirla con una manufactura regulada por ANMAT, lograr que se apruebe y pasar a una fase 1. Ahí seríamos parte de una cadena que lamentablemente, en la Argentina, no está conectada”, explica Cassataro.

Se refiere a que, por separado, están los eslabones, pero eso no es suficiente. “En el país tenemos buenos científicos que pueden trabajar bien en un laboratorio. Tenemos también la posibilidad de ensayos clínicos (en humanos) buenísimos. Aquí se hicieron los de Pfizer y están en marcha los de una vacuna china. Además, existen empresas con capacidad de producir, por ejemplo, un principio activo de la vacuna de Oxford. Los eslabones están, pero falta el envión para empezar. Y, por supuesto, como se trata de un proceso largo y muy costoso, se necesita un amplio financiamiento y una decisión política a largo plazo”, revela la científica.

Cuestión de tiempo

El largo plazo que menciona Cassataro es vital en el trabajo científico. Varias de las vacunas contra el Covid-19 que avanzaron rápido, lo hicieron porque quienes las investigaban se basaron en estudios previos.

“Si vemos las vacunas que llegaron muy rápido, detrás de ellas hay científicos que venían trabajando en ellas desde hace 15 o 20 años. No existe algo que sea tan rápido sin una investigación muy profunda”, confirma la experta.

El tiempo también fue clave en la historia de este prototipo argentino. Primero, porque cuando se tomó la decisión de trabajar de manera presencial en el laboratorio hubo que organizar rápidamente las rutinas en casa y apretar en agendas el tiempo para las clases de los chicos (varios científicos de este equipo tienen hijos en edad escolar), para las tareas de la casa y para el trabajo de laboratorio, que en esta etapa es totalmente empírico.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar  las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D'Elía.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D’Elía.

De los 13 integrantes del grupo, 10 son mujeres, varias con hijos en edad escolar y una de ellas, la bioquímica y viróloga Eliana Castro, está embarazada. No fue fácil arrancar, pero apareció allí lo que más brilló en pandemia: la idea de que todo es posible aún en las peores condiciones.

Eugenia Bardossy tiene 35 años, es bioquímica y dice que “su participación es mínima comparada con lo que realizan otros colegas del equipo”. Lo que fue máximo en su vida fue organizarse para seguir trabajando y no desatender a sus dos hijos: uno de 3 años y otro de 10 meses.

Lorena Coria es una experta en inmunología y tiene un nene de dos años que, cuando ella está en el laboratorio, queda al cuidado de su pareja. La salud humana le interesó desde que estaba en el secundario. Por eso se siente muy plena en este momento: “Cuando empezó la pandemia y se presentó la oportunidad de colaborar aportando nuestro conocimiento y experiencia en el desarrollo de vacunas para ayudar a combatir este problema, no lo dudamos. Estamos aprendiendo mucho y además somos conscientes de que estamos desarrollando algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas”.

Cuando era chica, a Eliana Castro le interesaba “lo microscópico y lo astronómico”, pero en la adolescencia se orientó hacia la salud. Se anotó como voluntaria en el Hospital Evita, de Lanús, para saber si su vocación era más asistencial o de investigación. Decidió estudiar bioquímica en la UBA. Hoy es una experta en diseño de vacunas.

“Ser parte de este proyecto implica cumplir, realmente, con el objetivo de aportar a la prevención de una enfermedad, en este caso causada por un virus nuevo que está dañando a la sociedad y que me ha golpeado personalmente. También hizo tangible la capacidad que tenemos en nuestro país de desarrollar lo que sea que se necesite cuando se nos brinda apoyo”, comenta sobre su rol de científica.

Estamos trabajando en algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas.

Lorena Coria, inmunóloga.

Sobre su rol de mamá, cuenta: “Con mi marido, tuvimos que incluir en nuestras rutinas las actividades y cuidados de nuestra hija de 5 años a tiempo completo (zooms, tareas, juegos). También organizarnos con las tareas de la casa. Así que trabajo en el laboratorio a la mañana, y las lecturas, reuniones y docencia los hago desde casa. Ahora , además, estoy embarazada de 4 meses, así que estamos muy contentos.”

Leandro Battini tiene 29 años y es uno de los más jóvenes del grupo. Es biólogo, está cursando su doctorado y se interesa por el desarrollo de antivirales. Pertenece al grupo de Diego Alvarez, fusionado con el de Cassataro. Para él, la vocación estuvo clara desde siempre. Sus padres y su hermano son biólogos y su pareja, también. “En 2020, por la pandemia, muchos científicos se orientaron al Covid-19. En ese contexto llegué a este grupo”, explica.

Claudia Filomatori es bioquímica y doctora en Ciencias Biológicas. Tiene una función vital: analiza la variabilidad del material genético del virus que circula en la Argentina. Pero lo realmente difícil es “compatibilizar la ecuación Pandemia/Familia/Trabajo. Tengo tres hijos en edad escolar y por momentos se me hizo complicado ser mamá, ama de casa, maestra y científica”.

La bioquímica Karina Pasquevich participa activamente en el estudio de las respuestas inmunes de las fórmulas probadas. Desde pequeña, su padre, físico, le transmitió la pasión por hacerse preguntas y tratar de responderlas. Sobre su vida en pandemia dice: “Tuve la escuela de mis dos hijas en casa, fue un desafío a nivel familiar. Afortunadamente, tuve el apoyo de mi marido y los abuelos para venir al laboratorio”.

El equipo de la “vacuna argentina” se completa con los científicos Diego AlvarezMaría Laura DarribaLucas SaposnikCeleste Pueblas Castro (de 26 años, quien justo una semana antes de la cuarentena se mudó para vivir sola), Laura Bruno y Lucía Chemes.

Ciencias de la vida

La directora del proyecto, Juliana Cassataro, también tuvo que adaptar a su familia para el trabajo en pandemia. Con su marido, Roberto, organizaron los tiempos de atención para Juana, de 17, y Greta, de 13.

De ellas habla sin pausa, pero cuando se le pregunta sobre sus propios orígenes, duda en responder. “No porque quiera ocultarlos, sino porque no quiero que mi historia desvíe el foco de atención de nuestro trabajo científico”, dice.

Se refiere a que es hija de padres desaparecidos. Cassataro, de 46 años, tenía 3 años y medio cuando se llevaron a sus padres. No recuerda nada. A ella y a su hermana menor las dejaron en la Casa Cuna de La Plata, donde fueron encontradas por un tío abuelo.

“Me educó mi abuela Juana, de Mar del Plata, con mucho amor y exigencia para el estudio. A veces pienso que el darme cuenta, tan temprano, de que no todo es perfecto y de que las cosas pueden fallar, me hizo siempre tener un plan B, C, D y E para que todo funcione. También pienso si el volcarme hacia las ciencias de la vida tiene que ver con que son lo opuesto a lo que viví cuando era chica”, comenta.

¿Por qué tu equipo quiere seguir con el proyecto de una vacuna si ya hay otras que se están aplicando?

Nosotros vamos a tardar seguramente mucho más tiempo del que la sociedad demanda en este momento, pero si estas vacunas que ahora se compraron y se están aplicando en nuestro país requieren refuerzos anuales, en un futuro estaría buenísimo poder hacerlas acá y que estas capacidades existan en la Argentina. Así no hay que estar esperando si nos las envían, o si las compran. Si un día no se puede… tenemos que tener la capacidad de hacerlas.

Y en una mañana de agobio, por el calor y la pandemia, llega aire fresco. Cassataro dice al despedirse que, si tuviera todos los recursos necesarios disponibles, a mediados de 2022 podría estar terminándose esta vacuna que ahora da sus primeros pasos. ¿Un sueño?

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Hallan beneficios en el vínculo entre niños con autismo y los gatos

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En algunas familias, podrían aportar efectos positivos más amplios que los perros, según el primer ensayo controlado aleatorio con felinos.

En su trabajo como enfermera en escuelas públicas de Columbia, en Estados Unidos, Gretchen Carlisle solía interactuar con estudiantes con diferentes trastornos que debían tomar varios medicamentos por día y que, en algunos casos, sufrían convulsiones. También tuvo oportunidad de observar cómo la interacción con perros, cobayos y hasta peces que sus maestros de educación especial llevaban, solía generar experiencias tranquilizadoras para los chicos y chicas.

En la actualidad, como científica del Centro de Investigación de la Universidad de Missouri para la Interacción Humano-Animal (ReCHAI, por sus siglas en inglés), dependiente de la Facultad de Medicina Veterinaria, Carlisle estudia los beneficios que los animales de compañía pueden producir en las familias.

Si bien muchos trabajos enfatizan los beneficios de los perros para niños y niñas con trastornos del espectro autista (TEA), el estudio más reciente de Carlisle concluyó que los gatos pueden ayudar a aumentar la empatía, al tiempo que disminuyen la ansiedad por separación. Los hallazgos, sostiene, pueden tener implicaciones satisfactorias para las familias que estén considerando adoptar un animal de compañía para su hijo.

“Investigaciones anteriores demostraron que los padres de niños con autismo están más estresados ​​que los padres de niños con cualquier otra discapacidad”, afirma Carlisle. “Si una familia está considerando adoptar un animal de compañía, queremos brindar la mejor información posible basada en la evidencia para que puedan tomar una decisión informada, y los gatos podrían ser más beneficiosos que los perros para algunas familias”, asevera.

El vínculo con los gatos también aporta beneficios. Foto ilustrativa Shutterstock.

El vínculo con los gatos también aporta beneficios. Foto ilustrativa Shutterstock.

El estudio

La evidencia sobre los beneficios de la relación con animales de compañía para personas con TEA es vasta. Pero se sabe poco sobre el vínculo con los gatos. Por el eso, el objetivo que se plantearon Carlisle y sus colegas fue explorar el impacto de la adopción de estos animales de refugios por parte de familias con niños con autismo. Previamente, se examinó el temperamento de los gatos para asegurarse de que estuvieran tranquilos y fueran una buena pareja para la familia.

El “Estudio exploratorio de adopción de gatos en familias de niños con autismo: impacto en las habilidades sociales y la ansiedad de los niños”, cuyos resultados fueron publicados en el Journal of Pediatric Nursing, es el primer ensayo controlado aleatorio en indagar en este tema.

Las familias asignadas al grupo de tratamiento adoptaron un gato y fueron seguidas durante 18 semanas; mientras que aquellas que integraban el grupo de control fueron monitoreadas por un tiempo similar sin ninguna intervención, para luego sí pasar al tratamiento mediante la adopción de un gato y fueron seguidas durante otras 18 semanas.

Las familias reclutadas para participar del estudio tenían niños o niñas con autismo de 6 a 14 años. En el monitoreo realizado, no solo informaron un vínculo instantáneo entre sus hijos con autismo y los nuevos integrantes, sino que esa unión se mantuvo fuerte a lo largo del tiempo y la ansiedad de los chicos disminuyó con el tiempo.

“Descubrimos que el principal beneficio de estos animales de compañía es su aceptación incondicional“, afirmó Carlisle. “Algunos niños con autismo pueden tener problemas sensoriales o ser sensibles a los ruidos fuertes, por lo que un gato puede ser una mascota apropiada y reconfortante para algunas familias, debido a su presencia tranquilizadora”.

Ayudarlas a tomar la mejor decisión para sus hijos fue el motor que impulsó la investigación de Carlisle con animales de compañía, y los hallazgos del estudio destacan los beneficios de la interacción entre humanos y animales.

Un gato puede ser una mascota apropiada para algunas familias, debido a su presencia tranquilizadora. Foto ilustrativa Shutterstock.

Un gato puede ser una mascota apropiada para algunas familias, debido a su presencia tranquilizadora. Foto ilustrativa Shutterstock.

“Como ex enfermera pediátrica, siempre me esforcé por ayudar a los niños, y una cosa que aprendí es que es necesario involucrar a los padres para que puedan tomar decisiones informadas para sus hijos”, subrayó. “Veo a las mascotas como una forma de mejorar el bienestar, y es gratificante brindar asistencia a las familias”, concluyó.

Los fondos para el estudio fueron proporcionados por el Human Animal Bond Research Institute y la Winn Feline Foundation.

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